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jueves, 16 de diciembre de 2010

Y entonces aprendimos a recoger de entre las ruinas los restos del mundo humano.


Y entonces aprendimos a recoger de entre las ruinas los restos del mundo humano.
Los truenos del cielo no cesaban.
Caras negras por el hollín del carbón utilizado en los holocaustos masivos
de seres borrosos e insanos.
Tribunales llenos de sangre y entrañas esparcidas donde se juzgó
a un Cristo resucitado por el odio.

Nunca aprendimos a hablarnos entre nosotros.
El silencio es aún el cómplice del fin.
Pretextos bizarros que no aceptan un no, como respuesta.
Ataúdes vaciados por la vergüenza social.
Cascabeles de esqueletos que anuncian su llegada a la tierra prometida.

Desde antaño buscamos esos sonidos.
Hieren la piel, y estrujan las viseras.
No lo podemos evitar.
Hay sed y hambre.
Hay dolor y pena.

¿Dónde comenzó todo?
¿En ese árbol seco desde hace siglos?
¿O en las olas blancas y azules interminables como los ruidos de la cabeza?
¿O en el silencio que por primera vez escuchó un gemido?

viernes, 12 de noviembre de 2010

¿Te has dado cuenta que todos los días llueve?

12 de noviembre del 2010.


Tal vez suene estúpido, pero así es. La lógica de la vida cotidiana cegada por el aburrimiento nos engaña tanto, que hemos dejado de ver y de escuchar verdaderamente. Yo lo aprendí recién, al estar adormecido de cansancio en el parque que está frente al departamento.

Inició como un cosquilleo en los ojos, un cosquilleo que forzó tallarlos tan fuerte y de tan prolongada manera que, al quitar las manos de mi rostro y abrir los ojos, noté un clima oscuro con nubes negras sumamente cargadas de rabia contra la tierra. De pronto, como si fuera necesario para lograr rescatar a la naturaleza de último minuto, cayó una lluvia de la nada, tan estrepitosamente, que sorprendió a todos los animales del parque.

A decir verdad, yo no supe qué hacer. No supe si correr como el resto de los hombres o quedarme allí sentado por primera vez no huyendo de las respuestas propuestas por la naturaleza. Miré a mí alrededor confusamente y el agua venía más y más sobre mi cabeza. Un aturdimiento recorrió mi cuerpo de pies a cabeza. Me paré en seco, caminé algunos metros y me posé debajo de un frondoso árbol.

Desde allí podía ver todo. El cielo unido a la tierra por el agua. Las cascadas cayendo por las casas a la vez que sonaban fuertemente al pegar con el piso. Los ríos sobre las calles que se llevaban restos de la miseria de la ciudad. Las gotas magníficas caían como complaciendo a la tierra. Fue un momento espectacular sin duda. La capacidad de asombro, estoy seguro, no se la vendo a nadie.

Acaso vi a unas pocas gentes con el pasar del tiempo. Huyeron como ratas a su escondite cuando son sorprendidas por sólo una brizna de aire. La humedad permeó mis sentidos y atascó mis poros. Mi nariz aspiraba el aire frío y humedecía mi garganta.

Todo era tan hermoso. Y lo más sorprendente es que si observamos detenidamente, puede llover todos los días.

Mientras tanto, yo estaré caminando largos tramos tratando de escuchar el silbido de viejos pájaros que alegraron lo pasos sensibles y pacíficos de mis antepasados.

viernes, 8 de octubre de 2010

Y entonces aprendimos a escucha entre las olas del mar...

Y entonces caminamos por largos periodos a través de mundos desconocidos rodeados de gritos y gemidos de seres atrapados en las inmensidades del olvido. Sus siluetas se disolvían cuando les ponías un poco de atención. El olor que despedían atascaba espantosamente el olfato y provocaba un vomito fugaz.

Por esto, el paso debía ser bien planeado, sin mirar a los lados y situándonos como una neblina espesa y trémula que se disolviera en el mínimo intento de sobresalir de la generalidad.

Eso intentamos sinceramente, los pasos pasos no eran y las respiraciones respiraciones no eran. No pudimos ser apariencias, ni fingir actitudes, malos actores de una obra con infinidad de máscaras sin expresiones gráficas ni tangibles.

Y entonces aprendimos a escucha entre las olas del mar. La espuma salada chocaba con gemidos y se volvían uno al toparse cara a cara ferozmente. Ahora sabemos distinguir elemento y pasión. ¿Pero acaso eso sirve de algo?

Esos temblores que sacuden ciudades enteras son creados por los gritos, los gritos de miles de años de dolor, de rabia irremediable de esos seres extraños para nosotros. Sombras, cacareos y disfraces.

Ya no llueve en las entrañas. Esas vísceras están tan secas que crujen al andar. Se desmoronan rápidamente al correr para escapar de máquina asesina de hígados y pulmones. Esa máquina que refresca y calma el ansia. Consume poco a poco y otorga una libertad plena. Dependiente de la libertad. Un arma en la cabeza disparada por el mismo instinto de vivir.

La tormenta es un recuerdo que sólo la tierra puede extrañar. Nosotros, en cambio, nos percatamos, la medimos, pesamos, inspeccionamos y la palpamos como si ésta no existiera en verdad. Ideas propias de imbéciles que necesitan pruebas de esa humedad que solamente ella sabe dar.

Y empezamos a pensar que el caminar es tan cansado, y que en realidad él no nos lleva a ningún nuevo lado. Pisar pisos pasados parece tan aburrido y cotidiano. Es hora de renunciar a morir, y lograr sacudir corazones recién paridos de la razón.

Desaparezcamos dejando un rastro fácil de seguir. Un rastro de miles de brechas. Una idea fácil de moldear y actualizar. Aquellos que reniegan de la muerte son Hidalgos, valientes y muertos irónicamente al final. Nacieron con una daga en brazo y la acercaron conscientemente a la yugular que da muerte fina, la muerte nihilista.

sábado, 3 de abril de 2010

¿No pudo haber sido un final de líneas de poemas hasta tus tobillos dibujados?

02 de abril del 2010.

Sueño despierto.

Yo sueño con los ojos
abiertos, y de día
y noche siempre sueño.
¡Y sobre las espumas
Del ancho mar revuelto,
Y por entre las crepas
arenas del desierto,
y del león pujante,
monarca de mi pecho,
montando alegremente
sobre el sumido cuello,
un niño que me llama,
flotando siempre veo!
José Martí.

Y de pronto me dijo: -No olvides imaginártelas con flores Adolfo, las mariposas no pueden vivir sin sus flores...
Es lo que escuché de ella aquella tarde en una acera de la escuela. Estábamos sentados mirando un libro que tenía imágenes de todos los tipos de mariposas que hay en el mundo. 
Su mirada estaba clavada en las imágenes multicolor y multiforme de estos hermosos seres. La explicación de las características, procedencia y datos curiosos de cada especie, me la daba detalladamente y con una pasión admirable que, desgraciadamente, sólo surge en determinadas personas.

Yo, sentado a su lado, simulaba poner atención a sus descripciones, pero en realidad, y hoy lo confieso abiertamente sin ningún arrepentimiento, sólo la observaba y recorría lentamente su cuello y la manera en cómo éste se perdía en el cuello de su blusa azul.

Hoy me pregunto: ¿Cuál será el final de su piel que nunca conocí? ¿Una mano poderosa que la sujetará en el futuro para someterla? ¿Un final feliz con unos labios que recogerán su olor para siempre sin siquiera poderlo entender? ¿No pudo haber sido un final de líneas de poemas hasta sus tobillos dibujados? ¿Tan mal hubiera sido?

De raudo volteó, me miró fijamente y preguntó:
-¿Acaso ustedes los anarquistas no aman la naturaleza y todas sus creaciones?-
-Por supuesto- le respondí casi ofendido por su pregunta obvia.
Y entonces ¿Por qué no me estás poniendo atención a lo que te estoy diciendo?
No supe que responder, no tenía el valor de darle la respuesta precisa en el momento indicado. Tiempo después, ella misma me insinuaría esta oportunidad perdida para siempre.

Intenté desviar su pregunta y comenté:
Sabes, Los anarquistas amamos la naturaleza, y la vida que ha otorgado desde hace miles años; un sol y una flor arrancan nuestras sonrisas y una tarde de lluvia torrencial nos arrebatan nuestras constantes lágrimas. Una tarde en el campo, un chapuzón en el río y un paisaje en la montaña, calman nuestro profundo dolor.

Sentí que su mirada se perdía en el horizonte al imaginar a los felices anarquistas disfrutando de las bondades de la naturaleza. Ella la amaba tanto que no perdía tiempo para fomentar las ventajas del respeto al medio ambiente. Sus ojos claros llenaban de felicidad mi caminar. Hoy ya no está aquí, desapareció de mi vida hace poco menos de un año. Y si acaso pensaba volver algún día, ya no lo hará porque sabe que ya estoy feliz con otra persona.

Cerró su libro, acercó su cara a la mía tanto que sentí su cálido aliento, y dijo:
-¿Te puedes imaginar viviendo en el campo como un auténtico anarquista Adolfo?
-Sí, claro,- le respondí feliz y agregué, -y me imagino rodeado de tus mariposas multicolor-

Y de pronto me dijo: 
-No olvides imaginártelas con flores Adolfo, las mariposas no pueden vivir sin sus flores...

martes, 9 de marzo de 2010

Eres Calor en el Frío y Suave Briza en el Fervor.



Martes 9 de Marzo del 2010.
Un año después.



Y pasas, y siento que el aire se estremece, y todo yo, inmóvil, soy deseo y angustia y necesidad de ti.
¿Por qué eres tan hermosa? ¿Te acunaron en versos?  ¿Leche de flor bebiste? ¿Quién te modeló sobre mi corazón, quién te tatuó sobre mis ojos?
Jaime Sabines.

A principio de este año, el frío ha cobrado la factura que le quedamos a deber en noviembre y diciembre pasados. Ahora, harto de él, sólo deseo estar en ti.

Dos y media de la madrugada, estoy recargado en mi ventana y fumando un cigarrillo. El silencio es abrumador, un viento frío golpetea mi pecho mientras veo una higuera triste que jamás ha dado frutos. Los gatos negros pasan por los bordes de las incalculables bardas, me ven y me dicen con sus miradas, que desafortunadamente está lejos mi fin. Al fondo, un dulce tango de Carlos Gardel me atormenta el corazón, y el sonido de la hoja de tabaco consumiéndose rápidamente en mi boca me distrae por un segundo.



Sabes, hace poco le escribí a un amigo inconscientemente sobre ti. Pude hablarle de lo complicado de escribir mientras tienes mil pendientes a cuestas o de cómo salí del problema de sistematizar un gran puñado de ideas explosivas en la cabeza, pero ciertamente, terminé hablando de ti. Afortunadamente, él entiende lo que me pasa, y acepta con gran gusto mi escribir.

Por otro lado, esta mañana, acostado en el pasto y viendo el ir y venir de las nubes escondiéndose entre los frondoso árboles, saltaron a mi cabeza más pensamientos sueltos para ti. Pero estos, por primera vez, quiero que los conozcas. A continuación, no sin algo de pudor, te las copiaré aquí abajo.
Recuerda que son ideas sueltas, lo cual significa que, si bien no tiene relación directa unas con otras, son abismos de pensamiento que salen a flote como lava ardiente de mí ser. Como involuntarias e insurrectas, nadie las puede alterar, ni siquiera yo. Espero las entiendas como yo quisiera. Si es que lo haces, estarás descubriendo cosas muy importantes de mi cariño.

…de ti pienso y descanso, de ti muero quedamente y revivo para oler tu cuello y alejarme lentamente a la oscuridad. Camino mirándote a mi lado, hablo tratando de impresionarte y duermo tranquilo a tu lado en las noches de borrasca…
…eres calor en el frío y suave briza en el fervor. Sueño tus besos, tus caricias, y deseo arrancarte pedazos para armarte igual mil años después. Caminar contigo y saborear tu cuerpo al abrazarte, son sueños pasados y realidades que figuran sólo en la idea…

…eres mi confianza y pánico a la vez. Salto para respirar algo ajeno a ti y así lograr sobrevivirte, pero a la vez me inclino para rozar tus pies con mis mejillas y sentir el terciopelo que sólo la piel de la mujer da…

¿Tendrás en cuenta entonces, lo que vivimos hoy? Quien quiera que maneje estos hilos, lo hace tan bien, que lo que he aprendido con los años no me sirve para nada al escuchar tus palabras pausadas y lentas como un éxtasis eterno en medio de la rabia de la humanidad a que, creas o no, desgraciadamente renuncié...

...silencio!! Ese susurro inhóspito de la madrugada se ha convertido en tu voz al invitarme a volar y dejar salir el alma de mi vacío cuerpo…
…ayer quise verte caminar sola, quise modelar tu perfil en las nubes de una tarde veraniega en el cielo. Quise arrancarte el corazón y sujetarlo fuertemente sobre mi pecho gritando que por fin eras mía...

…he caído cansado y, alerta, despierto al oler tus pechos blancos enjabonados de miel y azúcar…
Conoces esos olores que vienen del pasado a decirnos: ¡Hola! – ¡ya es hora de partir!-
Sal de aquí ahora, yo ya no soy más.

Las explosiones de palabras chocan y se contradicen unas con otras, ¿lo notas? Esta pasión me vuelve loco. Por ahora es todo. Ya recordaré más ideas y esta vez, buscaré ordenarlas.

Sabes, he caminado tanto que a veces, solo a veces, creo que no hay fin. Siento que lo he visto todo, tocado todo y sentido todo. Las piernas me duelen, el sol me quema y aun así sigo caminando. Nadie estropea mi caminar, nadie sabe lo que es caminar. Pasos seguros, mirada al frente y observación minuciosa de todos los elementos a tu lado. Pero esta mañana, el escuchar al viento acariciar las copas de los árboles y sentir ese breve frío colándose por mi cuello, llega esa frenética necesidad de encender un cigarrillo. Allí acostado, sólo escucho el caminar de allá para acá de la hojarasca y me pierdo en un mar de simples ideas sobre la soledad. Pienso en ver tus ojos y platicarte de cosas que los árboles me susurraron cuando, por un segundo, sólo por un segundo, me sintieron parte de ellos.

viernes, 15 de enero de 2010

Me gusta bañarme cuando está lloviendo.


Me gusta bañarme cuando está lloviendo, el agua de la lluvia golpea contra la ventana del baño y es como si me bañara allá afuera. De niño, en la nostálgica sierra de Puebla, la ventana del baño daba al campo abierto, y veía la inmensidad mientras me lavaba el pelo, la niebla empañaba el vidrio por fuera y el agua caliente, la empañaba por dentro. Amaba hacer eso, lo amaba tanto que siempre me tocaban para salir después de un buen tiempo. La verdad, a mi me valía madres, nadie me podía quitar ese privilegio como niño.

Recuerdo con gran nostálgia los paseos con olor a tierra mojada y mi amor a los animalillos extraños que buscaban sombra entre los ahuehuetes del bosque. Allí conocí la libertad y la belleza, me tomaron y me hicieron viajar, como lo siguen haciendo hoy, por las comunidades indígenas.

Recuerdo bien un camino que encontré una mañana de invierno. Un camino que era ondulante, que a su vez iba flanqueado por un pequeño riachuelo donde las piedras de rio tomaban formas elípticas y colores verdosos. Ese caminito en medio del bosque era un paso para los indios y sus caballos que iban al mercado a vender sus productos. Al verlos, me escondía detrás de los frondosos árboles, no podía permitir que me vieran, era un secreto que yo estuviera metido por esos lugares.

La neblina desaparecía de la sierra a medio día y se veía un paisaje de cañadas a lo lejos, el fondo era inimaginable, lo amé, lo amé tanto que nunca lo he olvidado. Hoy, cuando quiero salir de esta gran nube negra, cierro los ojos, de pronto los abro y veo unas manitas de niño, unos pantalones cafés y zapatitos negros, corro a los matorrales, los abro y… la cañada lista para que la explore contento y feliz de viajar por mi pasado.

jueves, 5 de febrero de 2009

Algo sobre el final del proceso.

BITÁCORA.
30 de abril del 2007.

El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza solo es inherente al historiador que está penetrado de lo siguiente: tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado en vencer.
Walter Benjamín. "Tesis de filosofía de la historia". 1973
I

-Debes pensar bien lo que quieres estudiar, podrías ganar mucho dinero si te pones las pilas en esto- le dicen al joven mientras este cierra los ojos y se imagina no estar ahí, en estar lejos y lejos de las voces que no saben, de las voces que repiten por repetir sin reflexionar.
Si, está bien –les dice indiferente- y sale de la habitación frustrado por no haber podido decirles lo que realmente quiere estudiar por temor a la crítica familiar.

El joven sale de su casa justo a la una y media, como siempre, y se encamina al trabajo mientras piensa qué le depararía el futuro de escoger esa carrera que tanto le agradó cuando se enteró de ella.

Después:

¿Usted sabe joven?, que la vida siempre te trata mal cuando ves por alguien que no sea de tu familia –le dice un viejo al limpiar juntos un molino de la fábrica- Para uno -continua el hombre- todo puede irse al diablo menos tu mujer y tus hijos ¿no es cierto?
Si jefe, es cierto- responde el joven mientras se voltea dándole la espalda y pensando que el viejo debería ser el único en irse al diablo.

Hoy es el último día –le dice su amigo Enrique por teléfono- ¿entonces sí vas a escoger Historia como me dijiste?
Claro
-le contesta nuestro joven- lo decidí hace más de un mes, pero todavía no lo digo en casa y justo ahora iba a ir a meter la solicitud.
Pues entonces suerte –le dice el amigo- y que te sirva bien hermano.

Meses después el joven checa las listas y se ve incluido entre los aceptados. La noticia fue recibida en la familia con indiferencia. El joven piensa que tal vez ellos hubieran preferido que no quedara, para que así reflexionara sobre una “correcta” carrera. No le gusta esto que piensa, pero no lo puede sacar de su mente, quiere pensar que su familia no es así. Decide borrarlo.

Al final de su carrera, el joven sabe que su familia igualmente la tomará con indeferencia. No obstante la situación intelectual y reflexiva hacia sí mismo y hacia lo demás se ha acrecentado en estos cuatro años más que en toda su vida. Está contento nuestro joven y tiene pensadas hacer muchas cosas con esta herramienta (y claro, arma) que tal vez la vida no le va a alcanzar.

Años atrás.

Se sienta en un puente, al salir del trabajo, y empieza a pensar sobre lo quiere hacer, busca respuestas que no están, según él, en la gente común con los que se relaciona. Necesito, se dice, relacionarme con gente inteligente y aprender de ellos. Caminar sobre sus pisadas y hacer las mías más grandes, más profundas y más humanas. La noche siembra en el cuerpo del joven un frío inusitado de incertidumbre.

II.

Debes caminar a mi lado por siempre –le dice ella mientras están sentados en su sala,- tú provocaste que me fijara en ti y ahora te alejas poco a poco como un alma que huye del cuerpo. Tic, tac, tic, tac, el reloj marcan las once y él sabe que tendrá que irse a su casa caminando.

Recuerdos. La primera vez que entró a su casa, ella le dio un vaso muy, pero muy dulce de agua de jamaica que acababa de hacer. Él no le dijo nada, los ojos de ella lo volvían loco. Le dieron ganas de orinar, miró detenidamente su baño con olor a pino y un enorme espejo donde seguramente ella se miraba todos los días antes de salir a la escuela. Donde comprobaba la razón de que por años y años los hombres la persiguieran, la perfección hecha mujer. La perfección todas las mañanas se miraba y se despedia con un beso antes de cerrar la puerta.

-Gracias,- le dijo él, mientras le miraba sus brazos blancos y recorría su cuerpo poco a poco hasta lograr ver su sonrisa de oreja a oreja que lo hacía morir, que lo derretía en un mar de deseo profundo. Qué hacía ella –el joven pensaba- tan bella con un chico como yo, que no se molesta por cambiar de ropa de un día a otro…

El día.
Él decide acabar lo que él mismo inició meses atrás al verla pasar frente a él leyendo un libro de Rius sobre Marx.
-¿Te gusta Ruis?-
-Sí, mucho, tengo un chingo de libros de él- ella le contesta.
-¿hacia dónde vas?-
-al metro-
-Te acompaño, bueno, yo también voy para allá- dice él temblorosamente.

-La historia siempre te ha gustado,- le dice ella meses después, ya juntos como pareja.
¿Recuerdas cuando corregiste al maestro por haber dicho que la Revolución Francesa fue en 1689? Te miró con ojos de asesino y tuvo que corregirse.
, le contesta nuestro joven, pero yo me incomode más porque todos me miraban, sentí la sangre subir a la cabeza tan rápido que decidí agacharme a escribir cualquier tontería. Sabes, también sentí tu mirada con esa sonrisa que estás haciendo ahora, tenía tanta pena de hablarte, eras imposible, eras…
-Adiós flaco- ella le dice mientras le manda un beso y entra a su casa, desde afuera él puede ver como se deja caer sin más ni más sobre su negro sillón.
-Adiós mujer- le dice él sabiendo que ya no será nada igual, pues ella se queda y él se va de la escuela para no regresar.

III.

Ella me fascinó- se confiesa cuatro años después, ya en la universidad. En medio del bullicio del bar escolar decide echar mano de su libreta y su pluma y escribe rápidamente:


Todas las noches regresa tu recuerdo
como un fantasma que se burla y mofa despiadado
de todo lo que yo nunca te dije.

Tu aroma, que ahora ya es mío, me susurra,
me estremece y se impregna en mi habitación
que tú jamás ocupaste, que tú jamás imaginaste.

Esa habitación por la que tanto te hice pasear
de rincón a rincón, explicándote todo mil veces.
Mil veces tus ojos verdes sobre mis ojos,
mil veces tu rostro liso y pálido sobre el mío.

La habitación, que te deseó acoger
con su linda y sobria calidez,
me rechaza cuando la burla regresa
y me consuela cuando la realidad me golpea
y vuelve a amanecer también hoy.

Hoy, por fin, entiendo bien tus respuestas a mis preguntas,
hoy caminamos juntos años después sin que te des cuenta,
pero yo continúo siguiendo tu olor a mujer
y lo llevo a la habitación
mientras converso contigo de cosas que nunca sabrás…


IV.


-¿Que haces? le dice su amigo Dante.
Nada, sólo escribo algo que recordé de alguien. -le contesta nuestro joven estando sentados en el bar.
-Toma un sorbo más y te sentirás mejor- le dice Dante mientras el joven guarda su cuaderno rápidamente para que no lo incomode al pedirle que se lo lea.
-¿Dónde quedaron las caras conocidas que vimos aquí durante años?-
-Donde estarán las nuestras en pocos meses, lejos de aquí- contesta Dante a la vez que recibe la botella, toma un suspiro y bebe sin parar.
El joven lo mira pensando en lo que realmente pudo haber aprendido su amigo en cuatro años aquí.
-Todo lo sabias,- le dice el joven en voz alta, tú todo lo sabias Dante, esto fue pan comido para ti.

Dante lo mira sonriente, lo toma del hombro y le contesta: no sabía que había chavos tan inteligentes como ustedes. El joven calla.

El humo del cigarrillo ha puesto amarillos sus dedos. La cerveza produce estragos en el nervio motor y los obliga a caminar vacilantes, cada quién, hacia el baño. Ida y vuelta, vuelta e ida. No se cansan.

-Los cuatro años más productivos en mi vida- responde el joven a la pregunta de ¿qué te ha dejado este paso por la facultad? Más. -Una satisfacción enorme porque constantemente me probaba a mí mismo con superar al yo de ayer, a regañarlo por no prepararme lo suficiente-
-Ja, ja, ja-
ríe Dante y le frota la cabeza jugueteando. Le tira la gorra.

Dos, tres y cuatro horas después el joven escucha las risas de los demás como un fondo telonero a una obra patética, ebria y torpe donde ellos caminan por el escenario tambaleantes como primerizos pero a la vez veteranos como para querer dejarlo atrás.

El líquido le raspa la garganta que desea sacar todo, que desea claudicar por la paz y por el bienestar de una vida común. Él toma la botella, la aprieta con fuerza y da el último sorbo. Es tarde, hay que descansar y escribir un poco…

miércoles, 21 de enero de 2009

En la Estación de Tren.

10 de julio del 2008.


¿Qué es ella?, se pregunta el joven que está sentado en las bancas de la estación de tren. Piensa una y otra vez, busca señales que le prueben la existencia de ella. Se dice a sí mismo que ella solo es palabras e imágenes, ¿quién me puede asegurar que está viva?

De pronto, presurosa, la gente sube al tren que parte de inmediato y él se queda en el mismo lugar, en el mismo pensamiento que lo trae constante desde hace meses, nota que está solo ya. Un viento helado con pequeñas gotas de agua se cuela por su espalda y ese rocío hace estremecer su piel como un orgasmo. Las letras se vuelcan en la mente, no hay tiempo de escribirlas, gritan, huyen, se escapan y, por fin, desaparecen de ella. Y queda ese nombre, tatuado como ningún diseño extravagante. Estás muy lejos –se dice así mismo- pero solo eres palabras, imágenes y una muy linda actitud. ¿Acaso serás cierta?
El policía pasa, analiza y concluye, se deja ir.

Soles pasados lo han iluminado, ríos majestuosos se han colado entre sus piernas esos veranos en la sierra norte de Puebla. La lluvia a medio año lo ha empapado y enfermado de gravedad y los pastos largos y las grandes brizas de la montaña lo convirtieron en un anacoreta en la maldita ciudad. Ella partió hace años, odio, miseria y traición la forjaron en el viaje. Ella suele despedirlo con un beso y una promesa que él está dejando de creer. Ella dice que es lluvia, ella dice que es idea, ella dice que volverá. Ella es el susurro pequeño debajo de su oreja que al caminar lo obliga a renegar de si mismo.

Al joven se le divisa una sonrisa apenada al pensar que sabía que ella llegaría, la esperó durante años, no sabía su imagen, no sabia si era morena o de piel blanca, pequeña o tan alta como él. Solo sabía que ella pensaría como él, que odiaría lo mismo que él, pero, sobre todo y todos, que ella amaría lo mismo que él. Suaves cosquilleos da el recuerdo y dulces adicciones tienen ambos. Sabe que ella regresará y él le invitará una vela ahí mismo, ahí mismo donde el joven está sentado esperando el próximo tren y nota, de pronto, que el andén ya se llenó hasta el borde de la vía de gentes tristes y cabizbajas.


- Ella estaría molesta por no habernos ido en el tren pasado- piensa y a la vez entra al vagón, que acaba de parar taloneando espacio y recibiendo los dulces olores de la gente y de la ciudad misma, -ja ja ja- pero él ya no está allí, él ya esta muy lejos, en la sierra jugueteando con ella en el río y fumándose los dos un buen toque de mota.

lunes, 19 de enero de 2009

El Adios Eterno que repica sin cesar...

30 de marzo del 2007.


En ti pensaba yo, y en tus cabellos
que el mundo de las sombras envidiaría
y puse un punto de mi vida en ellos
y quise yo soñar que tú eras mía…
José Martí.


Escucho las voces al fondo, todas ellas frívolamente precisas y ordenadas, toco mi corazón y lo siento palpitar rápidamente por la caminata hacia la escuela, miradas extrañas me rodean ¿qué dirán? ¿Qué pensarán sobre mí? Esto me abruma. Al santiamén tomo un cigarrillo, lo enciendo y doy una larga y rabiosa bocanada que me marea al instante; sigo caminando y, como si saliera del lugar más pacifico y solitario del mundo, la veo pasar frente a mí, me mira sin atención y continúa su camino.


Ya no importa nada, ni buscar el fantasma, ni la verdad. Lo relatividad me ha absorbido, cada gramo mío quedó reducido por ella a polvo que se esfuma al paso aprisa de la gente que no piensa, que no siente. El polvo viaja con el aire y me riega por cada rincón, por cada lugar dejando mi presencia en una ciudad que me transformó del simple polvo a ser parte de ella.


Decido sentarme en medio del bullicio de la gente y pienso: cuatro años lo mismo, cuatro años flotando alrededor de su belleza, alrededor de sus ojos claros que nunca me miraron con atención. “Adiós”, le digo dentro de mi; es la vez millón y medio que esta palabra sale de mi cabeza pero sin salir de mi boca. Seguramente la traeré el resto de mi vida como a las otras, todas iguales: Con ojos infinitamente claros. Adiós, adiós, adiós, recuerdo que esto le dije a todas las que me intimidaron al pasar frente a mi, seguras de lo que eran, seguras de todos los que las desean. Fui uno más, uno más, uno más que se pierde en la dulce brisa de una mañana como una hoja que nadie atiende…

¿A dónde iré a parar en esta frenética carrera contra la ignorancia?

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Ayer fue un día sumamente hermoso.

20 de noviembre del 2008.

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
Hoy llega al fondo de mi alma el sol;
Hoy la he visto… la he visto y me ha mirado
¡Hoy creo en Dios!
Gustavo Adolfo Becquer.


Ayer fue un día hermoso, y no porque por fin la volví a ver después de más de cuatro largos y tormentosos meses. Durante este tiempo se transformó en un fantasma que regresaba constantemente a mi ser con cada cosa que me la recordara. Fue hermoso pero no porque redescubrí sus ojos claros que me miraron solo una par de veces en el saludo y la despedida exigida por el rigor social. Mire de nuevo su caminar balanceándose de un lado a otro y su cabeza inclinada un poco a la izquierda. Fue un día hermoso pese a que jamás me dirigió allí, una palabra, pero escuché su linda y tierna voz al dedicarle sus sagradas palabras a otro imbécil. Nunca más a mí.

Me detuve por un momento y juro que sentí su olor cuando pasó cerca de mí y lo dirigí a cada célula de mi cuerpo para menguar el dolor de su presencia allí y su recuerdo, estando lejos.

Hoy desperté con su cara en mi cabeza y su cuerpo en mi deseo. &%(#" se llama y dolor me otorgó. Ayer fue un día hermoso pero no porque sé que sigue viva y porque sé que es tan humana que algún día pudo haberse enamorado de mi. Fue hermoso pero no porque estoy casi seguro que se sentía nerviosa conmigo ahí, que sentía el deseo de hablar conmigo para saber cómo he estado, qué he hecho e insinuarme la pregunta: ¿no me has escrito nada nuevo Adolfo?

Al final de cuentas, me hice el desentendido en medio de todos, para trabajar su recuerdo meses atrás, esos meses donde me, mágicamente, abrazó, donde me vio con cariño con sus únicos ojos bicolor. Donde sentí sus dulces y finos pechos al rosar mil veces mis brazos al juguetear. Donde sentí su dulce aliento acariciar mi cara y calmar mi furor.

¡Qué tarde es para enmendar mis errores para con ella! ¡Qué tarde es para abrazarla y besarla aunque fuera la primera y última vez!

A final de cuentas, ayer fue un día hermoso pero sólo, y sólo, porque al regresar a casa tuve la fortuna de lograr ver a dos enormes y míticas estrellas que saludaban, por fin, mi regreso a casa para arroparme y cobijarme a media noche entre los viejos cantos de Violeta y Víctor. Gracias vida, por días como estos.

lunes, 21 de julio de 2008

Tus palabras eran tan distantes...

23 de abril del 2008.

Esa tarde fría de diciembre, sentados en una banca del parque cerca de tu casa, mirábamos el ir y venir de los niños jugueteando con pelotas y bicicletas. Ellos no notaban que todo lo nuestro se caía en pedazos como un castillo de arena mal construido y sin un ser extraño en el foso que cuidara sus flancos.

Tú y yo, sentados no sabíamos qué decirnos. Los dos queríamos con toda razón poder salir corriendo cada uno por su lado y olvidar lo incómodo de aquel momento. Tú querías huir, creo, porque no estabas segura si todavía me querías, yo quería huir porque no estaba seguro de que ya no te quería.

Tus palabras eran tan distantes como si estuvieras hablando frente a mi tumba días después de enterrado, reclinada en la cruz, sollozando y limpiándote las lágrimas. Las palabras que yo te enviaba eran como ecos que viajaban por la nada y sin ningún destino. Sin receptor, la emisión no existe, sin tus palabras mi ser no era nada humano.

Mi mano quiso alcanzarte una vez más, tocarte la cabeza y sentir tu calor como el calor de tu entrepierna de la que tantas veces gusté; pero pasó de largo, se fundió con tu cuerpo y te partí en dos. Fue gracioso, pues nunca lo notaste. Yo te partí y tú me arrancaste el corazón.


Tu presencia era tan traslúcida que podía ver a los niños en sus bicicletas pasar detrás de ti. No sé qué tenías, en verdad, no lo sé. Nunca estuviste, creo, ahí; tal vez eras otra, no, tal vez te imaginé y por eso tu presencia incompleta, falta de todo.

Miradas esquivas y ademanes fríos. El humo de mi cigarrillo, por primera vez en el par de años que estuvimos juntos, te provocaba molestias y hacías gestos de descontento. Estabas harta de mí y de todo lo que yo, antes de ese día, representé para ti.

Por mi parte, yo decidí fundirme con el letargo y echar un gran grito sigiloso que te hiciera cimbrar tus fibras más íntimas hasta hacerte evaporar de allí, y dejarme solo con tus restos, pues yo sabría muy bien qué hacer con ellos.

Me despedí sin mirarte a los ojos, me dijiste adiós tan convencida que ya no quise decir más. Yo me alejé un metro, y tú, ceñida de un escudo protector, te esfumaste cuando solo eras un punto en mi lejano horizonte de la vida. El sonido de la hojarasca al crujir durante tu caminar fue el último sonido que escuche de ti…

Dónde estás hoy?: en otros brazos.
Qué ojos miras?: los de otro.
A quién sigues con tu mirada?: a uno.
A quién escuchas poniendo tu sonrisa divina?: seguramente a un bobo.
Por quién respondes hoy?: por él.
Nunca más.

El joven promete una vez más, dejar de pensar en ellas.