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domingo, 17 de octubre de 2010

Toca mi rostro y moldéalo a tu ideal sin cesar.



Denle al vano el oro tierno
Que arde y brilla en el crisol:
A mí denme el bosque eterno
Cuando rompe en él el Sol.

Ella le prometió no viajar más por esas tierras calientes y antañas sin él. Le prometió estrellas cayendo de la noche como una vía láctea bebida de sus blancos pechos. El dolor desaparecer, la idea recobrar. Despertar juntos planearon durante meses, sonidos mínimos y caricias nocturnas.

Le prometió sueños salpicados de miel de sus enroscados cabellos rojizos. Sonrisas infinitas tomadas del pasado en blanco y negro. Le dijo palabras y las descompuso en sílabas que rimaban al final con morados tintes y aterciopelados tactos.
Sacudió su cabeza hasta dejarla pálida de ideas nuevas. Ideas impregnadas de amor y felicidad. Animales burbujeantes salidos de entre árboles inmensos, majestuosos y dignos padres. Tierras sembradas con pasión y tranquilidad por hombres pájaros que iban y venían en meses de llovizna intensa. Se elevaban rápidamente y miraban tristes la miseria desde lo más alto.

Él siempre le creyó todo. Esas melodías dispuestas por ella eran gotas de agua en el desierto del resto de la humanidad. Tejer telas para cubrir cuerpos, tocar pasos silenciosos para descubrir el tono preciso. Le dio la auténtica luz para luchar y la fúnebre oscuridad para descansar tiernamente en su regazo.

Ella le prometió callar esos restos de temor por pasados pregonados. Iniciar en blanco una hoja multicolor. Borrar huellas mal pisadas y cambiar la dirección.

Cantos armados desde las entrañas de la tierra él escuchaba salir de los labios rosados de ella. Acariciaba su cabello y le insinuaba olores que saciarían su sed. Notas musicales extasiadas al límite.

Sus jardines inmensos rociados con agua de mar de los dos grandes océanos. Mares chorreantes de sabores intensos como la saliva que emergían diariamente al sabor de él.

Ella escuchaba siempre atenta sus palabras tibias como las entrañas que él le recitaba sobre la cama:

Conozcámonos más.
Brilla tus ojos en mí.
Toca mi rostro y moldéalo a tu ideal sin cesar.
¡Forniquemos en los fríos climas, y paseemos por entre los árboles
para cubrirnos de los calurosos soles humanos!
Hoy nací en ti, en tus dulces palabras y en tu suave gemir.
Acaricia mis ojos cafés una vez más, dame la luz de la libertad plena.
La libertad que solamente la mujer puede dar en redención.

Y entonces él recordó sus pasos en esos lugares propios de los no-hombres. Sus pies rematados de infinitos colores eran esos susurros matutinos de los altos montes inalcanzables.

sábado, 3 de abril de 2010

¿No pudo haber sido un final de líneas de poemas hasta tus tobillos dibujados?

02 de abril del 2010.

Sueño despierto.

Yo sueño con los ojos
abiertos, y de día
y noche siempre sueño.
¡Y sobre las espumas
Del ancho mar revuelto,
Y por entre las crepas
arenas del desierto,
y del león pujante,
monarca de mi pecho,
montando alegremente
sobre el sumido cuello,
un niño que me llama,
flotando siempre veo!
José Martí.

Y de pronto me dijo: -No olvides imaginártelas con flores Adolfo, las mariposas no pueden vivir sin sus flores...
Es lo que escuché de ella aquella tarde en una acera de la escuela. Estábamos sentados mirando un libro que tenía imágenes de todos los tipos de mariposas que hay en el mundo. 
Su mirada estaba clavada en las imágenes multicolor y multiforme de estos hermosos seres. La explicación de las características, procedencia y datos curiosos de cada especie, me la daba detalladamente y con una pasión admirable que, desgraciadamente, sólo surge en determinadas personas.

Yo, sentado a su lado, simulaba poner atención a sus descripciones, pero en realidad, y hoy lo confieso abiertamente sin ningún arrepentimiento, sólo la observaba y recorría lentamente su cuello y la manera en cómo éste se perdía en el cuello de su blusa azul.

Hoy me pregunto: ¿Cuál será el final de su piel que nunca conocí? ¿Una mano poderosa que la sujetará en el futuro para someterla? ¿Un final feliz con unos labios que recogerán su olor para siempre sin siquiera poderlo entender? ¿No pudo haber sido un final de líneas de poemas hasta sus tobillos dibujados? ¿Tan mal hubiera sido?

De raudo volteó, me miró fijamente y preguntó:
-¿Acaso ustedes los anarquistas no aman la naturaleza y todas sus creaciones?-
-Por supuesto- le respondí casi ofendido por su pregunta obvia.
Y entonces ¿Por qué no me estás poniendo atención a lo que te estoy diciendo?
No supe que responder, no tenía el valor de darle la respuesta precisa en el momento indicado. Tiempo después, ella misma me insinuaría esta oportunidad perdida para siempre.

Intenté desviar su pregunta y comenté:
Sabes, Los anarquistas amamos la naturaleza, y la vida que ha otorgado desde hace miles años; un sol y una flor arrancan nuestras sonrisas y una tarde de lluvia torrencial nos arrebatan nuestras constantes lágrimas. Una tarde en el campo, un chapuzón en el río y un paisaje en la montaña, calman nuestro profundo dolor.

Sentí que su mirada se perdía en el horizonte al imaginar a los felices anarquistas disfrutando de las bondades de la naturaleza. Ella la amaba tanto que no perdía tiempo para fomentar las ventajas del respeto al medio ambiente. Sus ojos claros llenaban de felicidad mi caminar. Hoy ya no está aquí, desapareció de mi vida hace poco menos de un año. Y si acaso pensaba volver algún día, ya no lo hará porque sabe que ya estoy feliz con otra persona.

Cerró su libro, acercó su cara a la mía tanto que sentí su cálido aliento, y dijo:
-¿Te puedes imaginar viviendo en el campo como un auténtico anarquista Adolfo?
-Sí, claro,- le respondí feliz y agregué, -y me imagino rodeado de tus mariposas multicolor-

Y de pronto me dijo: 
-No olvides imaginártelas con flores Adolfo, las mariposas no pueden vivir sin sus flores...

martes, 9 de marzo de 2010

Eres Calor en el Frío y Suave Briza en el Fervor.



Martes 9 de Marzo del 2010.
Un año después.



Y pasas, y siento que el aire se estremece, y todo yo, inmóvil, soy deseo y angustia y necesidad de ti.
¿Por qué eres tan hermosa? ¿Te acunaron en versos?  ¿Leche de flor bebiste? ¿Quién te modeló sobre mi corazón, quién te tatuó sobre mis ojos?
Jaime Sabines.

A principio de este año, el frío ha cobrado la factura que le quedamos a deber en noviembre y diciembre pasados. Ahora, harto de él, sólo deseo estar en ti.

Dos y media de la madrugada, estoy recargado en mi ventana y fumando un cigarrillo. El silencio es abrumador, un viento frío golpetea mi pecho mientras veo una higuera triste que jamás ha dado frutos. Los gatos negros pasan por los bordes de las incalculables bardas, me ven y me dicen con sus miradas, que desafortunadamente está lejos mi fin. Al fondo, un dulce tango de Carlos Gardel me atormenta el corazón, y el sonido de la hoja de tabaco consumiéndose rápidamente en mi boca me distrae por un segundo.



Sabes, hace poco le escribí a un amigo inconscientemente sobre ti. Pude hablarle de lo complicado de escribir mientras tienes mil pendientes a cuestas o de cómo salí del problema de sistematizar un gran puñado de ideas explosivas en la cabeza, pero ciertamente, terminé hablando de ti. Afortunadamente, él entiende lo que me pasa, y acepta con gran gusto mi escribir.

Por otro lado, esta mañana, acostado en el pasto y viendo el ir y venir de las nubes escondiéndose entre los frondoso árboles, saltaron a mi cabeza más pensamientos sueltos para ti. Pero estos, por primera vez, quiero que los conozcas. A continuación, no sin algo de pudor, te las copiaré aquí abajo.
Recuerda que son ideas sueltas, lo cual significa que, si bien no tiene relación directa unas con otras, son abismos de pensamiento que salen a flote como lava ardiente de mí ser. Como involuntarias e insurrectas, nadie las puede alterar, ni siquiera yo. Espero las entiendas como yo quisiera. Si es que lo haces, estarás descubriendo cosas muy importantes de mi cariño.

…de ti pienso y descanso, de ti muero quedamente y revivo para oler tu cuello y alejarme lentamente a la oscuridad. Camino mirándote a mi lado, hablo tratando de impresionarte y duermo tranquilo a tu lado en las noches de borrasca…
…eres calor en el frío y suave briza en el fervor. Sueño tus besos, tus caricias, y deseo arrancarte pedazos para armarte igual mil años después. Caminar contigo y saborear tu cuerpo al abrazarte, son sueños pasados y realidades que figuran sólo en la idea…

…eres mi confianza y pánico a la vez. Salto para respirar algo ajeno a ti y así lograr sobrevivirte, pero a la vez me inclino para rozar tus pies con mis mejillas y sentir el terciopelo que sólo la piel de la mujer da…

¿Tendrás en cuenta entonces, lo que vivimos hoy? Quien quiera que maneje estos hilos, lo hace tan bien, que lo que he aprendido con los años no me sirve para nada al escuchar tus palabras pausadas y lentas como un éxtasis eterno en medio de la rabia de la humanidad a que, creas o no, desgraciadamente renuncié...

...silencio!! Ese susurro inhóspito de la madrugada se ha convertido en tu voz al invitarme a volar y dejar salir el alma de mi vacío cuerpo…
…ayer quise verte caminar sola, quise modelar tu perfil en las nubes de una tarde veraniega en el cielo. Quise arrancarte el corazón y sujetarlo fuertemente sobre mi pecho gritando que por fin eras mía...

…he caído cansado y, alerta, despierto al oler tus pechos blancos enjabonados de miel y azúcar…
Conoces esos olores que vienen del pasado a decirnos: ¡Hola! – ¡ya es hora de partir!-
Sal de aquí ahora, yo ya no soy más.

Las explosiones de palabras chocan y se contradicen unas con otras, ¿lo notas? Esta pasión me vuelve loco. Por ahora es todo. Ya recordaré más ideas y esta vez, buscaré ordenarlas.

Sabes, he caminado tanto que a veces, solo a veces, creo que no hay fin. Siento que lo he visto todo, tocado todo y sentido todo. Las piernas me duelen, el sol me quema y aun así sigo caminando. Nadie estropea mi caminar, nadie sabe lo que es caminar. Pasos seguros, mirada al frente y observación minuciosa de todos los elementos a tu lado. Pero esta mañana, el escuchar al viento acariciar las copas de los árboles y sentir ese breve frío colándose por mi cuello, llega esa frenética necesidad de encender un cigarrillo. Allí acostado, sólo escucho el caminar de allá para acá de la hojarasca y me pierdo en un mar de simples ideas sobre la soledad. Pienso en ver tus ojos y platicarte de cosas que los árboles me susurraron cuando, por un segundo, sólo por un segundo, me sintieron parte de ellos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Yo quiero un dulce cigarrillo de sus blancas manos.

14 de diciembre del 2009.


Espantado de todo, me refugio en ti.
Tengo fe en el mejoramiento humano,
en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.
Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas,
diles que te amo demasiado para profanarte así.
Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos.
Con esos arreos de gala te me has aparecido.
Cuando he cesado de verte de una forma,
he cesado de pintarte.
Esos riachuelos han pasado por mi corazón.
José Martí.

Siempre he creído que las caminatas nos sirven para reflexionar. Claro, sin que se nos presente un calor tremendo y surja ese molesto sudor que empape tu frente y haga que todo paso sea una verdadera pesadez. Creo que el clima perfecto es el frío moderado y, si se puede pedir demasiado, caminando después de la lluvia. Porque siento que es como si el agua nos pusiera una alfombra natural que hace flotar nuestros pies y hace menos la fricción al caminar.

Hoy recuerdo tu pregunta recién, ¿recuerdas? Sí, sobre si ya estaba enamorado de ella. ¿Que por qué recuerdo esa pregunta? Pues porque he estado pensándole una respuesta. Y no es que sea difícil responderme eso, lo difícil es, ciertamente, las medidas que debería tomar si es que en verdad lo estoy.

Si decides seguir escuchando más acerca de ella, intentaré describírtela con más precisión. Quisiera poder narrar el sentimiento enorme que ella ha provocado en mi, pero por desgracia mis palabras son tan limitadas y tan simples, que no lograría acercarme un poco más a la descripción de la anterior carta, que por cierto, he de confesarte, me costó mucho trabajo. Pero aún así lo intentare, ella lo vale.

Primero quisiera contarte acerca del recuerdo que tengo todavía muy presente sobre el día que la conocí. Esa temporada, que está pronto por cumplir ya un año, fue un dolor profundo en mi familia. Nos cayó una de esas pérdidas que no se perdonan a ningún dios. Uno de esos dolores que solo les llega a la gente como nosotros. Pero este no es lugar para contarte de dolores reales y certeros. Sino para mostrar la enorme alegría que me hace sentir cada vez que la veo venir mirándome fijamente a los ojos.

Sabes, del día que la conocí recuerdo que ella estaba recargada en la pared mirándome fijamente aquel día que llegué por primera vez a ese lugar. Recibí unos papeles suyos y, de inmediato, pasó de largo frente a mí. Poco a poco y día a día la fui conociendo. Supe de su carácter y sus desplantes de digna soberbia que tanto hacen falta hoy a la gente, y que ella, tan bien, sigue manejando ahora que estamos juntos. Inmediatamente noté que era muy diferente a las demás, por no decir superior. Es de esas personas que llaman la atención desde el primer momento que tu mirada las enfoca. En estos tiempos sé que eso no importa, sino más bien, qué tan fácil te seria poder tener un contacto más cercano y fácil para llegar a la intimidad. Pero eso no importa para mí. Yo solo, desde el primer día, la he querido leer de pies a cabeza.

Ahora ha pasado tanto tiempo, y su mirada es más profunda cuando me ve. Mi reflejo en sus ojos me dice que vamos por buen camino. Creo que lo demuestra mi felicidad al verla como toma, por ejemplo, un cigarro con sus manos blancas y lo lleva hacia su boca lentamente con su mirada fija en algún aspecto de nuestro alrededor. Sabes, me encanta abrazarla fuertemente porque al regresar a casa su olor se queda impregnado en mis brazos y antebrazos y al irme a descansar regresa ese olor que me alienta a dormir tranquilamente en la habitación oscura que un día compartimos exhaustos.

El sol y la frente de su blanca cara crean una resplandor que muy pocos lograrían descifrar. Es una de esas incógnitas que si no eres observador, jamás notarias. Afortunadamente tengo la suerte de notar ese tipo de cosas.

¿Quieres que te describa un poco más? Pero espera, necesito uno de esos cafés negros que empapan el alma para cocinarla lentamente con los latidos del corazón y el ir y venir del aire que atascan los pulmones malgastados. Un café negro y un cigarrillo frente a este ordenador. Un silencio inhóspito que se nos regala a las dos de la madrugada. Yo siempre he creído que del silencio surgen las mejores palabras.

Y con las palabras podemos escribir los bellos recuerdos. Esos bellos recuerdos que nos traen sensaciones y pulsaciones que hacen temblar los párpados cuando tus ojos están cerrados y estas recargado en algún lugar con los brazos extendidos y como flotando en el aire.

Yo recuerdo que el día de mi cumpleaños al caminar yo y ella pudimos ver una hermosa luna saliendo por el oriente al esfumarse la luz de la tarde. Tengo hermosas sensaciones a su lado. Hoy, en este invierno que nos ha traicionado por no traernos esos fríos exquisitos, he hecho una promesa relacionada con ella. ¿Quieres que te la cuente? ¿Prometes no reírte ni burlarte?

Está bien. En la próxima carta te la diré.

jueves, 20 de agosto de 2009

Sembrando Ideas!!!



Cuando en los hombres se encarna un grave pensamiento, un firme intento, una aspiración noble y lejítima, los contornos del hombre se desvanecen en los espacios sin confines de la idea.

José Martí.



Penitenciaría Federal de los Estados Unidos. Leavenworth, Kansas.
Mayo 2 de 1922
Señorita Irene Benton Granada, Minn.


Mí querida camarada:


Tu carta, tan perfectamente calculada para difundir algún calor en mi corazón adolorido, tuvo éxito en su generosa misión, y especialmente la última parte de ella, en donde dices lo que tu querida madre piensa acerca de mí, tocó las más delicadas fibras de mi corazón. Me conmovió casi al punto de derramar lágrimas, porque pensé en mi propia madre, muerta hace tanto tiempo. ¡Hace 21 años! Estaba yo en la prisión en ese tiempo, castigado por haber denunciado la tiranía sangrienta, de Porfirio Díaz, y, por lo tanto, no pude estar al lado de su lecho, no pude darle mi último beso, ni pude oír sus últimas palabras. Esto pasó en la ciudad de México el 14 de junio de 1900, un poco menos de tres años antes de mi venida a este país, como un refugiado político, en busca de libertad.


Muchas gracias a ti y a tu querida madre por sus simpatías hacia mí, expresadas en tu hermosa carta.

Tu información de la obra realizada ya en los campos de la que está en preparación, es de lo más interesante, pues no puedes imaginarte cuánto amo el campo, las selvas, las montañas. “Los hombres—dices—han estado ocupados en los campos preparando el terreno para recibir la semilla.” ¡Que mundo de emociones y pensamientos fomentan esas pocas palabras en mi ser, porque yo también he sido sembrador, aunque sembrador de ideales!... y he sentido lo que el sembrador de semillas siente, y la semejanza de emociones me impulsa a llamarle mi hermano y colaborador. Él deposita sus semillas en las generosas entrañas de la tierra, y yo deposito las mías en los cerebros de mis semejantes, y ambos esperamos, esperamos, esperamos... y las agonías que él sufre en su espera, son mis agonías. La más pequeña muestra de mala suerte oprime nuestro corazón, y conteniendo su aliento espera que la roturación de la costra de la tierra le anuncie que la semilla ha brotado, y yo, con mi corazón comprimido, espero la palabra, la acción, el gesto que indique la germinación de la semilla en un cerebro fértil... La única diferencia entre el sembrador de semillas y el sembrador de ideales reside en el tiempo y la manera de trabajar, pues mientras que el primero tiene la noche para solaz y descanso de su cuerpo, y, además, espera hasta que la estación sea favorable para su siembra, y solamente planta en donde el suelo es generoso el último no tiene noches ni estaciones del año: todas las tierras merecen sus atenciones y trabajos. Siembra en la primavera así como en el invierno, en el día y en la noche, en la noche y en el día; en todos los climas, bajo todos los cielos y cualquiera que pueda ser la calidad del cerebro, sin tener en cuenta el tiempo... Aunque el rayo truene en las alturas, en donde residen los árbitros de los destinos humanos. 1


El sembrador de ideales no detienen su obra: camina hacia un futuro que mira con los ojos de su mente, sembrando, sembrando, sembrando. Puños muy apretados pueden agitarse amenazadoramente, y toda la atmósfera que lo vuelve puede temblar y llegar a arder con el odio difundido por aquellos cuyo interés es dejar sin cultivo el cerebro de las masas... El sembrador de ideales no retrocede: el sembrador de ideales continúa sembrando, sembrando, sembrando... Lejos y cerca, aquí y allá, bajo cielos lívidos iluminados por un sol amarillo que, proyectando sus lúgubres siluetas contra ceñudos horizontes que presagian cadalsos, extiende sus siniestros brazos como antenas de monstruosas criaturas engendradoras por la fiebre o producidas por la locura, mientras enormes puertas negras de fierro anhelan por su carne y su alma... El sembrador no retrocede, el sembrador continúa sembrando, sembrando, sembrando... Y ésta ha sido su tarea desde tiempo inmemorial, y éste ha sido su destino aun desde antes de que la humanidad surgiera dignificada y erecta, de la selva, en donde transcurrió su infancia a gastas con los demás cuadrúpedos, la fauna; porque el sembrador de ideales ha tenido siempre una misión de combate; pero sereno y majestuosamente, con un amplio movimiento de su brazo, tan amplio que parece trazar en el aire hostil la órbita de un sol, él siembra, siembra, siembra la semilla que hace avanzar a la humanidad, aunque con grandes tropiezos, hacia ese futuro que él ve con los ojos de su mente...


¡Tu carta es tan tierna...! ¡oh, mi querida camarada!; eres tan amable como tu querida madre. Sí, tu simpatía me calma, me hace mucho bien; gracias un millón de veces. Los recortes son muy interesantes y las pinturas muy simpáticas. Ahora me despido.


Di a Rivera tu recado; está muy agradecido. Tuyo fraternalmente.


Ricardo Flores Magón

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1 En Epistolario revolucionario e íntimo, t. III, p. 31, aparece la siguiente nota de los editores: “Por un error del traductor apareció esta frase en ‘Sembrando Ideas’, tomo IV de la Serie en singular. Consultando el original, la encontramos en plural, y no en singular, refiriéndose Ricardo, por medio de una figura retórica, a los hombres que están en el Poder como árbitros de los destinos humanos.” Librado Rivera había escrito a Nicolás T. Bernal el 7 de enero de 1924: “Leí la carta de Ricardo a nuestra buena amiga Irene Benton, publicada en Sembrando Ideas, y noto un error colosal que no sé a quien atribuirlo, si al traductor o al afán de nuestra amiga de aprovechar esa oportunidad para su propaganda religiosa, porque ella sí lo es, a juzgar por las cartas que me ha escrito. Al hablar del Sembrador de ideas, el sembrador siembra a todas horas, en todas las estaciones; ‘sin tener en cuenta el tiempo... Aunque el rayo truene en las alturas, en donde reside el árbitro de los destinos humanos.’ Te subrayo la frase para que veas el disparate. Me atrevo a llamarle así porque Ricardo nunca creyó en un ‘árbitro de los destinos humanos,’ durante los muchos años que lo traté tan íntimamente. Ricardo era un Ateo completo, un filósofo positivista. Jamás se le ha de haber ocurrido escribir a ninguno de sus numerosos amigos o amigas ideas semejantes de elevar sus bellas inspiraciones en un ‘árbitro’ de los destinos del hombre. En ninguno de sus muchos escritos he visto cosa semejante. Te llamo la atención, porque si hay otras cartas por el estilo de esa, se mejor que ni las publiques, porque ante nuestros compañeros anarquistas, cosas de esas desprestigian lejos de recomendar su nombre y su obra... Esa carta sin el ‘árbitro’ es una bella obra literaria, una hermosa obra de arte y de propaganda libertaria al mismo tiempo; pero el árbitro regulador de todas las cosas opaca su brillo.” (AJCV). No existe el original de esta carta.

lunes, 19 de enero de 2009

El Adios Eterno que repica sin cesar...

30 de marzo del 2007.


En ti pensaba yo, y en tus cabellos
que el mundo de las sombras envidiaría
y puse un punto de mi vida en ellos
y quise yo soñar que tú eras mía…
José Martí.


Escucho las voces al fondo, todas ellas frívolamente precisas y ordenadas, toco mi corazón y lo siento palpitar rápidamente por la caminata hacia la escuela, miradas extrañas me rodean ¿qué dirán? ¿Qué pensarán sobre mí? Esto me abruma. Al santiamén tomo un cigarrillo, lo enciendo y doy una larga y rabiosa bocanada que me marea al instante; sigo caminando y, como si saliera del lugar más pacifico y solitario del mundo, la veo pasar frente a mí, me mira sin atención y continúa su camino.


Ya no importa nada, ni buscar el fantasma, ni la verdad. Lo relatividad me ha absorbido, cada gramo mío quedó reducido por ella a polvo que se esfuma al paso aprisa de la gente que no piensa, que no siente. El polvo viaja con el aire y me riega por cada rincón, por cada lugar dejando mi presencia en una ciudad que me transformó del simple polvo a ser parte de ella.


Decido sentarme en medio del bullicio de la gente y pienso: cuatro años lo mismo, cuatro años flotando alrededor de su belleza, alrededor de sus ojos claros que nunca me miraron con atención. “Adiós”, le digo dentro de mi; es la vez millón y medio que esta palabra sale de mi cabeza pero sin salir de mi boca. Seguramente la traeré el resto de mi vida como a las otras, todas iguales: Con ojos infinitamente claros. Adiós, adiós, adiós, recuerdo que esto le dije a todas las que me intimidaron al pasar frente a mi, seguras de lo que eran, seguras de todos los que las desean. Fui uno más, uno más, uno más que se pierde en la dulce brisa de una mañana como una hoja que nadie atiende…

¿A dónde iré a parar en esta frenética carrera contra la ignorancia?

lunes, 29 de diciembre de 2008

De niño me juraba...


¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento.
(...) El rebelde (es decir, el que se vuelve o revuelve contra algo) da media vuelta. Marchaba bajo el látigo del amo y he aquí que hace frente. Opone lo que es preferible a lo que no lo es.
El hombre rebelde. Albert Camus.




29 de Diciembre del todavia 2008.

Recuerdo que de niño juraba que no dejaría que nadie me dominase, juraba ser rebelde hasta el tuétano y no someterme a nadie.
Recuerdo que me juré no llevar una vida frívola y en la ignorancia como todos los demás.

Me juré leer hasta caer dormido, me juré viajar hasta caer muerto. Me juré que fornicaria hasta que perdiera todo sentido mi deseo. Me juré que atacaría al dios estúpido que todos adoraban. Me juré que no dejaría que me engañaran más.

Me juré no creer en los gobiernos, en las religiones y en las autoridades. Me juré no inclinarme ni ante mi madre. Juré no darles razones para que me creyeran igual a ellos. En fin, me juré cosas hasta el cansancio.

En ese tiempo me la pasaba jurando sin pensar. Ayer me jure no jurar más sin sentido. Hoy me di cuenta que no cumplo mis juramentos.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Ayer fue un día sumamente hermoso.

20 de noviembre del 2008.

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
Hoy llega al fondo de mi alma el sol;
Hoy la he visto… la he visto y me ha mirado
¡Hoy creo en Dios!
Gustavo Adolfo Becquer.


Ayer fue un día hermoso, y no porque por fin la volví a ver después de más de cuatro largos y tormentosos meses. Durante este tiempo se transformó en un fantasma que regresaba constantemente a mi ser con cada cosa que me la recordara. Fue hermoso pero no porque redescubrí sus ojos claros que me miraron solo una par de veces en el saludo y la despedida exigida por el rigor social. Mire de nuevo su caminar balanceándose de un lado a otro y su cabeza inclinada un poco a la izquierda. Fue un día hermoso pese a que jamás me dirigió allí, una palabra, pero escuché su linda y tierna voz al dedicarle sus sagradas palabras a otro imbécil. Nunca más a mí.

Me detuve por un momento y juro que sentí su olor cuando pasó cerca de mí y lo dirigí a cada célula de mi cuerpo para menguar el dolor de su presencia allí y su recuerdo, estando lejos.

Hoy desperté con su cara en mi cabeza y su cuerpo en mi deseo. &%(#" se llama y dolor me otorgó. Ayer fue un día hermoso pero no porque sé que sigue viva y porque sé que es tan humana que algún día pudo haberse enamorado de mi. Fue hermoso pero no porque estoy casi seguro que se sentía nerviosa conmigo ahí, que sentía el deseo de hablar conmigo para saber cómo he estado, qué he hecho e insinuarme la pregunta: ¿no me has escrito nada nuevo Adolfo?

Al final de cuentas, me hice el desentendido en medio de todos, para trabajar su recuerdo meses atrás, esos meses donde me, mágicamente, abrazó, donde me vio con cariño con sus únicos ojos bicolor. Donde sentí sus dulces y finos pechos al rosar mil veces mis brazos al juguetear. Donde sentí su dulce aliento acariciar mi cara y calmar mi furor.

¡Qué tarde es para enmendar mis errores para con ella! ¡Qué tarde es para abrazarla y besarla aunque fuera la primera y última vez!

A final de cuentas, ayer fue un día hermoso pero sólo, y sólo, porque al regresar a casa tuve la fortuna de lograr ver a dos enormes y míticas estrellas que saludaban, por fin, mi regreso a casa para arroparme y cobijarme a media noche entre los viejos cantos de Violeta y Víctor. Gracias vida, por días como estos.

lunes, 21 de julio de 2008

Tus palabras eran tan distantes...

23 de abril del 2008.

Esa tarde fría de diciembre, sentados en una banca del parque cerca de tu casa, mirábamos el ir y venir de los niños jugueteando con pelotas y bicicletas. Ellos no notaban que todo lo nuestro se caía en pedazos como un castillo de arena mal construido y sin un ser extraño en el foso que cuidara sus flancos.

Tú y yo, sentados no sabíamos qué decirnos. Los dos queríamos con toda razón poder salir corriendo cada uno por su lado y olvidar lo incómodo de aquel momento. Tú querías huir, creo, porque no estabas segura si todavía me querías, yo quería huir porque no estaba seguro de que ya no te quería.

Tus palabras eran tan distantes como si estuvieras hablando frente a mi tumba días después de enterrado, reclinada en la cruz, sollozando y limpiándote las lágrimas. Las palabras que yo te enviaba eran como ecos que viajaban por la nada y sin ningún destino. Sin receptor, la emisión no existe, sin tus palabras mi ser no era nada humano.

Mi mano quiso alcanzarte una vez más, tocarte la cabeza y sentir tu calor como el calor de tu entrepierna de la que tantas veces gusté; pero pasó de largo, se fundió con tu cuerpo y te partí en dos. Fue gracioso, pues nunca lo notaste. Yo te partí y tú me arrancaste el corazón.


Tu presencia era tan traslúcida que podía ver a los niños en sus bicicletas pasar detrás de ti. No sé qué tenías, en verdad, no lo sé. Nunca estuviste, creo, ahí; tal vez eras otra, no, tal vez te imaginé y por eso tu presencia incompleta, falta de todo.

Miradas esquivas y ademanes fríos. El humo de mi cigarrillo, por primera vez en el par de años que estuvimos juntos, te provocaba molestias y hacías gestos de descontento. Estabas harta de mí y de todo lo que yo, antes de ese día, representé para ti.

Por mi parte, yo decidí fundirme con el letargo y echar un gran grito sigiloso que te hiciera cimbrar tus fibras más íntimas hasta hacerte evaporar de allí, y dejarme solo con tus restos, pues yo sabría muy bien qué hacer con ellos.

Me despedí sin mirarte a los ojos, me dijiste adiós tan convencida que ya no quise decir más. Yo me alejé un metro, y tú, ceñida de un escudo protector, te esfumaste cuando solo eras un punto en mi lejano horizonte de la vida. El sonido de la hojarasca al crujir durante tu caminar fue el último sonido que escuche de ti…

Dónde estás hoy?: en otros brazos.
Qué ojos miras?: los de otro.
A quién sigues con tu mirada?: a uno.
A quién escuchas poniendo tu sonrisa divina?: seguramente a un bobo.
Por quién respondes hoy?: por él.
Nunca más.

El joven promete una vez más, dejar de pensar en ellas.