domingo, 3 de octubre de 2010

El sentido pierde la razón al balbucear tu figura...

Tu figura estaba marcada finamente por las sábanas delgadas. Eras como una escultura inconclusa de mármol que sobresale de la nada creadora.

Blanca sábana, blanca tu piel, leche clara, pelo de miel.

El pasarte los dedos por tus dos pieles era conocer la realidad del tacto. Escuchaba tu respiración como una canción hipnotizante que me persuadían a dormir para siempre y renunciar a todos. Callar por siglos, callar hablando como parar andando. El sentido pierde la razón al balbucear tu figura decorada con pistas de un mapa que irremediablemente lleva hacia la locura.

Y de pronto salí de allí y llegó el silencio ensordecedor. Calles exteriores habitadas por sombras que huyen de los pasos seguros. Caminatas nocturnas en medio del todo solitario. Gemidos de orgasmos en plena calle. Lubricante derramado por las rocas de las esquinas frías de un lugar apartado en una esquina del lago viejo e inmenso. Agua de lago lleno de sangre de holocausto de antaño. Si se pone atención, a lo lejos en las noches, se escuchan gritos como canciones armónicas de dolor. Muerte y muerte, aquí, en este lago eso es.

Calles interiores impregnadas de dolor, paredes trémulas de miedo a caer en el olvido, al desintegrarse una a una con la fuerza del sordo poderoso.

Callamos durante años y las cosas inhumanas seguían pasando. Saciaban su hambre con los pedazos de dignidad que brotaban a cuentagotas por la tierra fértil. Esas cataratas engañaban de sobremanera, atascaban los ojos con ideas agudas que sólo tapaban con un dedo el sol arrollador.

¿A dónde ir? Nos preguntábamos uno a uno al ir barriendo pensamientos. Sacudiendo imposiciones y purificando actitudes.

Y ellos vomitaban adornos cautelosamente para que no los notáramos. Colores difusos distraen los sentidos. Sacudiendo objetos, minando mentiras y bebiendo dulce cicuta.

Y en medio de todo esto: tu voz, sonoro alimento de compasión. Habitad de la utopía, refugio del paria y descanso mío. Sacúdeme la realidad y muéstrame los verdaderos colores.

lunes, 9 de agosto de 2010

Mientras tanto, yo no dormía, vagaba en ese limbo...

LXXI
No dormía; vagaba en ese limbo
en que cambian de forma los objetos,
misteriosos espacios que separan
la vigilia del sueño.

Las ideas que en ronda silenciosa
daban vueltas en torno a mi cerebro,
poco a poco en su danza se movían
con un compás más lento.

De la luz que entra al alma por los ojos
los párpados velaban el reflejo;
mas otra luz el mundo de visiones
alumbraba por dentro.

Gustavo Adolfo Bécquer

09 de Agosto del 2010.

Los sueños duelen tanto, al despertar. El canto de los pájaros de las frías mañanas es el gritar irritante de la realidad. El olor entra despacio y penetra mis poros cuando ni siquiera he abierto los ojos plenamente. La pesadez de un día normal con gentes normales me ata justamente a la suave cama de roca.

Pero antes de este odioso despertar, escuché tus pasos sigilosos en medio de ese sueño confuso que sólo otorga una vida desperdiciada. Yo no te quise hablar, eras tan lejana, no te sentía allí vivir en mí. Representabas, según creo, el ideal de todo hombre como yo. Representabas el valor y la virtud, propia de las mujeres, como instrumento para lograr la felicidad y sobre todo, la paz entre los hermanos.

Tomé mis recuerdos, vi tu tez clara, y di marcha atrás a un campo lejano y húmedo.Yo no busqué paz lejos de ti. El caos cotidiano y la mentira constante no nos tocaron.

Corrí buscando la respuesta, y esta estaba nada más en el mirar fijo al suelo lleno de barro negro. Callé durante días, la luz y la sombra me iluminaban indiferentemente. Pasaba frente a ti con la vergüenza del ciego y el orgullo del incauto.

Hoy no puedo vivir sin ti. Las calles son sonidos tan distantes si no tengo tus oídos. Murmuros simples y cotidianos marcan mis pasos trémulos. Hoy quisiera estar en ti, sentirte suave y acariciar tus tersas mejillas.

Risas y llantos, son esta tierra. ¡Tanto hemos sufrido! ¿Por qué nos ultrajan nuestros hermanos? ¿Por qué duele tanto ser y no parecer? ¿Por qué es tan complicado ser y no perecer lentamente?

Recuerdo muy bien tu mirada en medio de esa confusión que nos da la nada. Pero, ¿Cómo describir algo así? ¿Cómo decir que tu mirada es una luz infranqueable de ideas hermosas? ¿Cómo explicar la paz que emana inagotable de tus ojos oscuros mientras miras detenidamente los bosques a lo lejos? Es como si sacudieras mi mundo tan solo por mirarme detenidamente por un par de segundo. He expirado mil veces de orgasmos al sentir tu aliento tibio chocar con mi cuello mientras estamos en la oscuridad de una habitación perdida entre mil más de la ciudad.

Y entonces de pronto, sin percatarme del todo, te acercaste, hablaste a mi oído y me dijiste lentamente: -Yo siempre estaré a tu lado- y vi tus ojos y la luz morada que proyectaban a los míos. Sonidos bruscos recienten las ondas de tus pasos. Y calló el sonido primero, y después cayó mi patético mundo en pedazos a tus blancos pies tatuados de signos indescifrables.

Eras difusa allá adentro. Eras un ser con atributos míos y tuyos a la vez. Una quimera agitada por el desconcierto de no entenderse ni sentirse a sí misma. Una briza fría que se topa cara a cara con una caliente y se rechazan en el instante mismo de sentirse llegar una a la otra.

Siempre que te presentas en mis sueños bobos eres así. Allá no existes si es que no eres parte mía. Aquí existes sabiendo que no me perteneces por ti misma en lo absoluto.

En los sueños los colores se matizan y logran un fondo tranquilo que nos permiten sentirlos como parte íntegra de la situación que se nos presenta en este limbo irreal.

Mientras tanto, yo no dormía, vagaba en ese limbo...

sábado, 17 de julio de 2010

Aquella madrugada del año pasado nos sucumbió



17 de Julio del 2010.

De muy niño escuché hablar de ellos.
Son del Sindicato Mexicano de Electricistas,
Un Sindicato de verdad -me dijeron-
Años después, marcharon frente a mí 
en los sucesos del 99,
durante esas tormentas aplastantes y
recorriendo avenidas colmadas de utopistas.

Mi hermano me jaloneó
No te salgas del cordón- me dijo-.
Tal vez ese cordón era un símbolo para él.
La vida fuera de él es una pesadez.
Ahora lo entiendo, hermano.

Con el tiempo, ese cordón desapareció.
Creció en mí esa Digna Rabia
y su obvio germen precursor de esperanzas.

Mi hermano dejó de salir a las calles conmigo.
Ahora está encerrado en su habitación
lamentándose de esta vida maldita
que lo fastidió desde joven.

Ya no hablamos como antes.
Ya no jalonea por lo nuestro.
Es una sombra de su pasado.
Un grito de rabia perdido
en las tardes calurosas de la ciudad.

Tardé largas discusiones e ideas frustradas
para darme cuenta que en realidad
no es un desertor de lo nuestro,
más bien está abrumado de este país.
Y no está dispuesto a cargarlos a la espalda.

Él me veía ataviado de consignas,
gritándole a la policía frente a la casa,
pintando paredes escondidas con rabia
y dibujando a los maestros
en muros olvidados por la civilización,
porosos espectadores de la inminente caída.

Nunca me dijo nada de lo que amo.
Renunció a mí, o tal vez me pasó la estafeta.
Nunca lo sabré.

Las cosas que nos unían ahora nos separan.
Pese a que las vivimos igual,
ahora somos tan parecidos pero tan diferentes.
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Lánzame esa pelota hermano
-Le gritaba yo de niño-
mientras jugábamos en el patio.
Ahí, dentro del mundo
en blanco y negro en el
que no nos pasaba nada.

El tiempo estaba detenido,
Todos juntos sufriendo pero intactos.
Ahora vivimos la pesadez de no regresar.
Esa pesadez que maldice al rápido tiempo.
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Aquella madrugada del año pasado nos sucumbió.
El gobierno había tomado su trabajo.
La planta de luz estaba rodeada de
policías con escudos enormes,
absurdas armaduras de plástico
y garrotes prestos.
Parecían asustados y temerosos 
tras sus cascos enmicados.
Estúpidamente temían una
fugaz rebelión del Sindicato.

Él salió disparado hacia allá.
Pero no había nada que hacer
40.000 trabajadores lanzados
a la calle de la noche a la mañana.
Esto es, ni más ni menos, la democracia.
Al otro día estábamos llenos de rabia
Y dolidos por el festejo de otros.

Eso era el inicio de lo peor.
Ahora los habían convertido
en los enemigos número 1 del país.
Los emisarios del poder
los señalaban, los evidenciaban
y buscaban su inmediato extermino.

Voceros gritando con espuma en la boca.

-¡Haraganes, lacras, parásitos!-
Les exclamaban cuando se
movilizaban por las calles.
-¡Se lo merecían!-
Gritaban rabiosos los asalariados
desde sus patéticos autos.

Gemían como ratas los empleados de la ciudad.

Mi hermano y sus compañeros no les respondían.
Tal vez no lo podían creer.
Eso no se puede creer.

Mi hermano se cansó
y dejó todo por la paz.
Ahora está sentado en su habitación
recordando las enormes columnas,
el ruido ensordecedor,
y las charlas por la mañana
a lo largo de los amplios pasillos
de la ya desaparecida Compañía de Luz...

miércoles, 30 de junio de 2010

Yo los vi ataviados con consignas



"¡No hay justicia para los pobres en América!

... ¡Oh, compañeros míos, continuad vuestra gran batalla! ¡Luchad por la gran causa de la libertad y de la justicia para todos! ¡Este horror debe terminar! Mi muerte ayudará a la gran causa de la humanidad. Muero como mueren todos los anarquistas, altivamente, protestando hasta lo último contra la injusticia.

... ¡Por eso muero y estoy orgulloso de ello! No palidezco ni me avergüenzo de nada; mi espíritu es todavía fuerte. Voy a la muerte con una canción en los labios y una esperanza en mi corazón, que no será destruida..."

Nicola Sacco (1891-1927)

De niño yo los vi pasar frente a mi,
yo los vi ataviados con consignas
y cargando sus enormes banderas negras.

Creo que ya no somos los mismos,
tenemos otras caras pero los mismos dolores.
Unos ríen y nos escupen,
otros callan y pasan agachados.

-¿Hasta cuando aguantaremos?-
Me dijo esa anciana frente al parque.
Me miraba las orejas y
exploraba mis respuestas.

Yo a veces pienso que nacimos cansados,
que crecimos hartos
y que moriremos insatisfechos.

-No hay otra salida para nosotros-
Él me lo dijo antes de morir.
Lo obligaron a dejar de respirar.
Le dispararon por ser digno,
lo mataron por amar demasiado a su mujer e hijos.

Yo a veces pienso que nada ha valido la pena,
a veces siento que me arrastro
entre el lodo con un traje blanco.

Abigail cree que somos especiales,
que merecemos vivir en paz
-Los que no hacen daño merecen vivir en paz-
me dice mientras coloca su cabeza en mi pecho
y yo enredo mi dedo en sus chinos rojos,
imaginándola descalza caminando al lado de un río.

Yo a veces creo que soy un pesimista.
Hace poco platiqué bajo la sombra de un árbol
con ese sabio Gringo Viejo
y me dijo fehacientemente
al mirarme a los ojos:
-Sin duda venceremos Adolfo-
Yo solo le sonreí y me sentí menos por no creer en ello.

Me duele tanto vivir entre ellos,
me ha afectado vivir entre ellos,
que creo que por fin me han vencido...

domingo, 20 de junio de 2010

Dai monti di Sarzana - Canti Anarchici Di Pietro Gori




De los montes de Sarzana-Dai monti di Sarzana

Momentos de pasión,/ Momenti di passione,
días de dolor./ Giornate di dolore
Te escribo, querida madre,/ Ti scrivo, cara mamma,
mañana es la acción/  Domani c’è l’azione
y a la Brigada Negra/ E la Brigata Nera
la haremos morir.// Noi la farem morir.

De los montes de Sarzana/ Dai Monti di Sarzana
un día bajaremos,/ Un dì discenderemo,
alerta, Partisanos/ All’erta, Partigiani
del batallón “Lucetti”.// Del battaglion "Lucetti"

El batallón “Lucetti”/ Il battaglion "Lucetti"
son libertarios y nada más,/ Son libertari e nulla più,
¡Coraje y siempre adelante!/ Coraggio e sempre avanti!
La muerte y nada más.// La morte e nulla più.

Bomba y cañones/ Bombardano i cannoni
de la Sarzanas montañas/ dai monti sarzanesi
alerta, Partisanos/ All’erta, Partigiani
del batallón “Lucetti”.// Del battaglion "Lucetti"

Más fuerte será el grito/ Più forte sarà il grido
que saldrá de allí,/ Che salirà lassù,
fieles a Pietro Gori/ Fedeli a Pietro Gori
bajaremos. Noi scenderemo giù.

sábado, 5 de junio de 2010

El cigarrillo le pesa como plomo.

¿Qué es lo que debería pensar un hombre en el caso de que tuviera que pensar forzosamente en algo?

En la esquina de la cama del hotel.
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El cigarrillo le pesa como plomo. El sabor del alcohol de la noche anterior está como incrustado en sus mejillas interiores. Los ecos de los gemidos entremezclados con la música rápida y brutal son cosas que no puede sacarse. El cigarrillo lo marea con cada fumada, pero no puede dejar de sentirlo en su interior.

Al fondo, se escucha la regadera que cubre con agua caliente un cuerpo satisfecho, por fin,  de lujuria.
Las ventanas cerradas impiden el descifrar si allá afuera hace el calor tremendo cotidiano o, por pura suerte, el día está nublado y se propagan esos segundos de leve oscuridad.

Toma su teléfono, revisa los mensajes que recibió la noche anterior en medio del bullicio y el desconcierto total. Lee uno a uno pausadamente y revisa, inmediatamente, sus respuestas mandadas. Hay mucho de que arrepentirse.

Las huellas de lo sucedido están desperdigadas por toda la habitación. La ropa interior de ella está de su lado de la cama. Colores diversos en la ropa frágil que muchas veces le han ocultado la suave piel. Pero por fin la tuvo de nuevo. Esa sensación de poseerla una y ora vez durante toda la noche es algo que le llena, igualmente, de satisfacción y pretensión.

Los restos de cigarrillo, de envases de cerveza, y de cobijas en el suelo, son la prueba de que lo sucedido en la noche, no le fue un sueño húmedo.

Y de pronto la puerta del baño se abrió y salió inmediatamente, como buscando la libertad de un cuerpo joven, la nube de vapor que estaba enclaustrada allí dentro. Ella apareció desnuda y avanzó altiva hacia la cama. Lo miró de reojo e inmediatamente, se supo la mujer más hermosa del mundo.

Partieron de allí dos horas después en medio de un calor abrasador.

sábado, 8 de mayo de 2010

El golpeteo de la puerta en plena mañana me fue estremecedor.


Tenía ese recuerdo vago de lo que recién había soñado, pero en realidad estos tajos no eran más que visiones de lo que había hecho días anteriores entremezclados con fantasías y situaciones surrealistas. Una obra dramática en la que los personajes se difuminaban con el acontecer de los hechos. Figuras creadas a partir de visiones míticas de la historia de la antigüedad, criaturas fantasiosas de los elementos más absurdos del cine para bobos.

El golpeteo de la puerta en plena mañana me fue estremecedor. El cosquilleo nervioso que se mostró en mis manos y atascó mis pulmones me impidió respirar con normalidad.

Ella ya estaba adentro antes de que yo, apresurado, le abriera la puerta. Se sentó en la mesa de la pequeña cocina, se sirvió un café rápidamente y miró por la ventana cómo desaparecía la mañana en ese barrio viejo del centro de la ciudad.
Convencida que de tenía toda mi atención, pese a que yo estaba parado desconcertado y desnudo a media habitación, me dijo en voz pausada entre sorbo y sorbo:

-Aquel día que te conocí de vista en ese bar, sentí envidia por la chica que te acompañaba. Ella estaba tan segura de que no partirías en el instante después de insinuarte que no pasaría nada íntimo esa noche entre los dos. Yo te observaba, notaba como admirabas sus mejillas y la abrazabas a la vez que ella te besaba la mano y sonreía mirando contenta a su alrededor-

Tomó un sorbo de café, me miró de reojo notando mi total desnudes y continuó enfocando su vista de nuevo a la ventana que ya proyectaba hacia dentro, los primeros rayos del sol.
De igual manera dijo:

-El calor que sentimos las mujeres es intenso, es indescriptible. Deseamos el sexo tanto como los hombres, pero no de una manera estúpida como ustedes, sino de una manera que deje recuerdo, un buen sabor de boca. Yo perdí mi virginidad con un chico musculoso que gemía como si lo estuvieran asesinando allí mismo como un simple animal. Desde entonces aborrezco a los idiotas como él.
Pero dime Manuel, ¿acaso tú me notaste aquella primera vez?

El pánico me congeló. Pese a que ella ni si quiera me veía, yo sentía que cualquier palabra mal dicha me condenaría de nuevo a su furia que experimenté días antes.
Mi tibia respuesta ni siquiera la inmutó.

Se paró lentamente, miró su reloj y caminó a mi alrededor como buscando algo en mi desnudes. Sentí su respirar a través de mis poros y un sudor frío me vino a la cabeza cuando me sujetó por el pelo y me dijo:

¿Acaso nunca has pensado que las mujeres también nos la pasamos observándolos? A veces no sé si son tan imbéciles o solamente pierden la cabeza con par de tetas enormes.
Después de que tuvimos sexo en el hotel cerca del bar, sentí un dolor en el vientre que me duró tres días más. Debido a esos jalones de pelo que me diste sobre la cama, se llenó mi cabeza de ecos que no han dejado de sonar.

¿Acaso tienes cigarrillos aquí? –dijo al instante en que su desnudez se dejó ver al deslizarse lentamente su vestido negro por sus pechos y caer hasta el suelo.

Aquí tengo unos, -le dije al momento de dirigirme a mi habitación a vestirme- pero tendré que ir a comprar los preservativos.

sábado, 24 de abril de 2010

La primera vez que la toqué, ni siquiera había nacido.

Aquel que es capaz de algo y muere sin que le haya llegado su hora, muere en calma, que en alguna parte le llegará. Y si no llega, bien está; que ya es bastante grande el que es capaz de serlo.

Cuando llegó la noticia, fue nuestro fin.
De esa tarde no recuerdo mucho, parecía de esas de tantas en las que el sufrimiento nos llegó a todos. Pero esta fue diferente, fue su fin y en inicio del nuestro.

Ella desapareció, exactamente igual que como había llegado: rodeada de papá y mamá.

La primera vez que la toqué, ni siquiera había nacido. El calor del vientre de su madre me impresionó. El cariño y la expectativa de su llegada nos tenían a todos entusiasmados.

Su último tiempo fue dolor y frustración. Era fuerte, pero eso le fue demasiado. Resistió hasta que, con la venia de sus papás, salió volando lentamente de esa habitación.


Todos pensamos en ella. El dolor me hizo gritar, llorar y despreciar aún más al imbécil que ordenó su partida. La venganza de nosotros le llegará algún día a no sé dónde, pero si sé que será cuando menos se la espere. Esto lo juré en aquel lugar, mientras me mordía los labios al pisar su suelo.

Mis noches terribles de dolor han sido transformadas en sonrisas con llanto en los ojos. Aún tengo esos dibujos frente a mí. Los colores son tonos musicales que la seguirán por allá, por donde no conozco, ni absolutamente nadie de aquí, aunque digan lo contrario.

Todo tiene un fin, pero el de ella es, apenas, el inicio de algo grande.

martes, 6 de abril de 2010

Recorría yo funestos recuerdos familiares.


No digas tu verdad ni al más amado,
no demuestres temor ni al más temido,
no creas que jamás te hayan querido
por más besos de amor que te hayan dado.
Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte).


06 de abril del 2010.

Recorría yo funestos recuerdos familiares cuando súbitamente agarré mis cosas y decidí desaparecer del trabajo. Caminé unos metros y compré dos cajetillas de cigarros. Esperé sentado en la parada del bus. Las caras extrañas recorrían mi cuerpo con un deseo de buscar algo dentro de mí que yo, lo juro, jamás les otorgaría. Las sombras citadinas se empujan unas a otras a la vez que tienden trampas idiotas a las incautas presas.

Tu aliento sigue susurrando mis oídos, tus pechos siguen saciando mi recuerdo. Tú has escrito un poema que yo no he leído. Tus ojos me siguen atormentando como una pesadilla en la niñez. Los susurros del viento tocando mi cara me indican una dulce espera a tu regreso. En el bus las distancias se acortan y logras huir del pasado. El bus maneja una carrera frenética e impulsiva por las grandes avenidas de la calurosa cuidad de los palacios. Usurpadora de libros y corazones, te gritan mis antiguos. Devuélvele lo que afanosamente le robaste de una tajada. ¡Dónde están tus viejos, para defenderte? ¿Dónde debemos buscarlos para acabar, de nuevo, con ellos?


Esto te grita las voces en el fondo de las calles, en el auto y en diversos lugares que te topas a tus pasos. Futuros inciertos confunden mi mente y me hacen llorar ¡Qué ya no me inunden más, pues saltos al pasado suelo dar!

La cabeza se harta de los recuerdos y del terrible dolor que me producen. Los pasos de los pasados ya no me satisfacen más, me cansa ser tan simple, tan igual a mis contemporáneos y tan diferente a los pasados.

Los comunes se pasean por las ciudades sin darse cuenta de las gentes que antaño las transitaron y que sus voces son ahogadas en el estupor propio de las metrópolis. En cambio, hay gentes que hacen lo mismo con la gran excepción de que ellos les tienden la mano a estos seres del pasado y los invitan a que cuenten sus vidas para imaginarlas y verlas a través de nuestros ojos y así dejar evidencia, en un futuro, de que existieron.

Creo que he llegado, sí, estoy aquí, frente a esa estatua majestuoso de mi maestro. Me postro a sus pies y me desvanezco en la briza, desaparezco en el susurro trémulo de una mañana en un mundo que ni siquiera me conoció en realidad.

sábado, 3 de abril de 2010

¿No pudo haber sido un final de líneas de poemas hasta tus tobillos dibujados?

02 de abril del 2010.

Sueño despierto.

Yo sueño con los ojos
abiertos, y de día
y noche siempre sueño.
¡Y sobre las espumas
Del ancho mar revuelto,
Y por entre las crepas
arenas del desierto,
y del león pujante,
monarca de mi pecho,
montando alegremente
sobre el sumido cuello,
un niño que me llama,
flotando siempre veo!
José Martí.

Y de pronto me dijo: -No olvides imaginártelas con flores Adolfo, las mariposas no pueden vivir sin sus flores...
Es lo que escuché de ella aquella tarde en una acera de la escuela. Estábamos sentados mirando un libro que tenía imágenes de todos los tipos de mariposas que hay en el mundo. 
Su mirada estaba clavada en las imágenes multicolor y multiforme de estos hermosos seres. La explicación de las características, procedencia y datos curiosos de cada especie, me la daba detalladamente y con una pasión admirable que, desgraciadamente, sólo surge en determinadas personas.

Yo, sentado a su lado, simulaba poner atención a sus descripciones, pero en realidad, y hoy lo confieso abiertamente sin ningún arrepentimiento, sólo la observaba y recorría lentamente su cuello y la manera en cómo éste se perdía en el cuello de su blusa azul.

Hoy me pregunto: ¿Cuál será el final de su piel que nunca conocí? ¿Una mano poderosa que la sujetará en el futuro para someterla? ¿Un final feliz con unos labios que recogerán su olor para siempre sin siquiera poderlo entender? ¿No pudo haber sido un final de líneas de poemas hasta sus tobillos dibujados? ¿Tan mal hubiera sido?

De raudo volteó, me miró fijamente y preguntó:
-¿Acaso ustedes los anarquistas no aman la naturaleza y todas sus creaciones?-
-Por supuesto- le respondí casi ofendido por su pregunta obvia.
Y entonces ¿Por qué no me estás poniendo atención a lo que te estoy diciendo?
No supe que responder, no tenía el valor de darle la respuesta precisa en el momento indicado. Tiempo después, ella misma me insinuaría esta oportunidad perdida para siempre.

Intenté desviar su pregunta y comenté:
Sabes, Los anarquistas amamos la naturaleza, y la vida que ha otorgado desde hace miles años; un sol y una flor arrancan nuestras sonrisas y una tarde de lluvia torrencial nos arrebatan nuestras constantes lágrimas. Una tarde en el campo, un chapuzón en el río y un paisaje en la montaña, calman nuestro profundo dolor.

Sentí que su mirada se perdía en el horizonte al imaginar a los felices anarquistas disfrutando de las bondades de la naturaleza. Ella la amaba tanto que no perdía tiempo para fomentar las ventajas del respeto al medio ambiente. Sus ojos claros llenaban de felicidad mi caminar. Hoy ya no está aquí, desapareció de mi vida hace poco menos de un año. Y si acaso pensaba volver algún día, ya no lo hará porque sabe que ya estoy feliz con otra persona.

Cerró su libro, acercó su cara a la mía tanto que sentí su cálido aliento, y dijo:
-¿Te puedes imaginar viviendo en el campo como un auténtico anarquista Adolfo?
-Sí, claro,- le respondí feliz y agregué, -y me imagino rodeado de tus mariposas multicolor-

Y de pronto me dijo: 
-No olvides imaginártelas con flores Adolfo, las mariposas no pueden vivir sin sus flores...