sábado, 8 de mayo de 2010

El golpeteo de la puerta en plena mañana me fue estremecedor.


Tenía ese recuerdo vago de lo que recién había soñado, pero en realidad estos tajos no eran más que visiones de lo que había hecho días anteriores entremezclados con fantasías y situaciones surrealistas. Una obra dramática en la que los personajes se difuminaban con el acontecer de los hechos. Figuras creadas a partir de visiones míticas de la historia de la antigüedad, criaturas fantasiosas de los elementos más absurdos del cine para bobos.

El golpeteo de la puerta en plena mañana me fue estremecedor. El cosquilleo nervioso que se mostró en mis manos y atascó mis pulmones me impidió respirar con normalidad.

Ella ya estaba adentro antes de que yo, apresurado, le abriera la puerta. Se sentó en la mesa de la pequeña cocina, se sirvió un café rápidamente y miró por la ventana cómo desaparecía la mañana en ese barrio viejo del centro de la ciudad.
Convencida que de tenía toda mi atención, pese a que yo estaba parado desconcertado y desnudo a media habitación, me dijo en voz pausada entre sorbo y sorbo:

-Aquel día que te conocí de vista en ese bar, sentí envidia por la chica que te acompañaba. Ella estaba tan segura de que no partirías en el instante después de insinuarte que no pasaría nada íntimo esa noche entre los dos. Yo te observaba, notaba como admirabas sus mejillas y la abrazabas a la vez que ella te besaba la mano y sonreía mirando contenta a su alrededor-

Tomó un sorbo de café, me miró de reojo notando mi total desnudes y continuó enfocando su vista de nuevo a la ventana que ya proyectaba hacia dentro, los primeros rayos del sol.
De igual manera dijo:

-El calor que sentimos las mujeres es intenso, es indescriptible. Deseamos el sexo tanto como los hombres, pero no de una manera estúpida como ustedes, sino de una manera que deje recuerdo, un buen sabor de boca. Yo perdí mi virginidad con un chico musculoso que gemía como si lo estuvieran asesinando allí mismo como un simple animal. Desde entonces aborrezco a los idiotas como él.
Pero dime Manuel, ¿acaso tú me notaste aquella primera vez?

El pánico me congeló. Pese a que ella ni si quiera me veía, yo sentía que cualquier palabra mal dicha me condenaría de nuevo a su furia que experimenté días antes.
Mi tibia respuesta ni siquiera la inmutó.

Se paró lentamente, miró su reloj y caminó a mi alrededor como buscando algo en mi desnudes. Sentí su respirar a través de mis poros y un sudor frío me vino a la cabeza cuando me sujetó por el pelo y me dijo:

¿Acaso nunca has pensado que las mujeres también nos la pasamos observándolos? A veces no sé si son tan imbéciles o solamente pierden la cabeza con par de tetas enormes.
Después de que tuvimos sexo en el hotel cerca del bar, sentí un dolor en el vientre que me duró tres días más. Debido a esos jalones de pelo que me diste sobre la cama, se llenó mi cabeza de ecos que no han dejado de sonar.

¿Acaso tienes cigarrillos aquí? –dijo al instante en que su desnudez se dejó ver al deslizarse lentamente su vestido negro por sus pechos y caer hasta el suelo.

Aquí tengo unos, -le dije al momento de dirigirme a mi habitación a vestirme- pero tendré que ir a comprar los preservativos.

sábado, 24 de abril de 2010

La primera vez que la toqué, ni siquiera había nacido.

Aquel que es capaz de algo y muere sin que le haya llegado su hora, muere en calma, que en alguna parte le llegará. Y si no llega, bien está; que ya es bastante grande el que es capaz de serlo.

Cuando llegó la noticia, fue nuestro fin.
De esa tarde no recuerdo mucho, parecía de esas de tantas en las que el sufrimiento nos llegó a todos. Pero esta fue diferente, fue su fin y en inicio del nuestro.

Ella desapareció, exactamente igual que como había llegado: rodeada de papá y mamá.

La primera vez que la toqué, ni siquiera había nacido. El calor del vientre de su madre me impresionó. El cariño y la expectativa de su llegada nos tenían a todos entusiasmados.

Su último tiempo fue dolor y frustración. Era fuerte, pero eso le fue demasiado. Resistió hasta que, con la venia de sus papás, salió volando lentamente de esa habitación.


Todos pensamos en ella. El dolor me hizo gritar, llorar y despreciar aún más al imbécil que ordenó su partida. La venganza de nosotros le llegará algún día a no sé dónde, pero si sé que será cuando menos se la espere. Esto lo juré en aquel lugar, mientras me mordía los labios al pisar su suelo.

Mis noches terribles de dolor han sido transformadas en sonrisas con llanto en los ojos. Aún tengo esos dibujos frente a mí. Los colores son tonos musicales que la seguirán por allá, por donde no conozco, ni absolutamente nadie de aquí, aunque digan lo contrario.

Todo tiene un fin, pero el de ella es, apenas, el inicio de algo grande.

martes, 6 de abril de 2010

Recorría yo funestos recuerdos familiares.


No digas tu verdad ni al más amado,
no demuestres temor ni al más temido,
no creas que jamás te hayan querido
por más besos de amor que te hayan dado.
Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte).


06 de abril del 2010.

Recorría yo funestos recuerdos familiares cuando súbitamente agarré mis cosas y decidí desaparecer del trabajo. Caminé unos metros y compré dos cajetillas de cigarros. Esperé sentado en la parada del bus. Las caras extrañas recorrían mi cuerpo con un deseo de buscar algo dentro de mí que yo, lo juro, jamás les otorgaría. Las sombras citadinas se empujan unas a otras a la vez que tienden trampas idiotas a las incautas presas.

Tu aliento sigue susurrando mis oídos, tus pechos siguen saciando mi recuerdo. Tú has escrito un poema que yo no he leído. Tus ojos me siguen atormentando como una pesadilla en la niñez. Los susurros del viento tocando mi cara me indican una dulce espera a tu regreso. En el bus las distancias se acortan y logras huir del pasado. El bus maneja una carrera frenética e impulsiva por las grandes avenidas de la calurosa cuidad de los palacios. Usurpadora de libros y corazones, te gritan mis antiguos. Devuélvele lo que afanosamente le robaste de una tajada. ¡Dónde están tus viejos, para defenderte? ¿Dónde debemos buscarlos para acabar, de nuevo, con ellos?


Esto te grita las voces en el fondo de las calles, en el auto y en diversos lugares que te topas a tus pasos. Futuros inciertos confunden mi mente y me hacen llorar ¡Qué ya no me inunden más, pues saltos al pasado suelo dar!

La cabeza se harta de los recuerdos y del terrible dolor que me producen. Los pasos de los pasados ya no me satisfacen más, me cansa ser tan simple, tan igual a mis contemporáneos y tan diferente a los pasados.

Los comunes se pasean por las ciudades sin darse cuenta de las gentes que antaño las transitaron y que sus voces son ahogadas en el estupor propio de las metrópolis. En cambio, hay gentes que hacen lo mismo con la gran excepción de que ellos les tienden la mano a estos seres del pasado y los invitan a que cuenten sus vidas para imaginarlas y verlas a través de nuestros ojos y así dejar evidencia, en un futuro, de que existieron.

Creo que he llegado, sí, estoy aquí, frente a esa estatua majestuoso de mi maestro. Me postro a sus pies y me desvanezco en la briza, desaparezco en el susurro trémulo de una mañana en un mundo que ni siquiera me conoció en realidad.

sábado, 3 de abril de 2010

¿No pudo haber sido un final de líneas de poemas hasta tus tobillos dibujados?

02 de abril del 2010.

Sueño despierto.

Yo sueño con los ojos
abiertos, y de día
y noche siempre sueño.
¡Y sobre las espumas
Del ancho mar revuelto,
Y por entre las crepas
arenas del desierto,
y del león pujante,
monarca de mi pecho,
montando alegremente
sobre el sumido cuello,
un niño que me llama,
flotando siempre veo!
José Martí.

Y de pronto me dijo: -No olvides imaginártelas con flores Adolfo, las mariposas no pueden vivir sin sus flores...
Es lo que escuché de ella aquella tarde en una acera de la escuela. Estábamos sentados mirando un libro que tenía imágenes de todos los tipos de mariposas que hay en el mundo. 
Su mirada estaba clavada en las imágenes multicolor y multiforme de estos hermosos seres. La explicación de las características, procedencia y datos curiosos de cada especie, me la daba detalladamente y con una pasión admirable que, desgraciadamente, sólo surge en determinadas personas.

Yo, sentado a su lado, simulaba poner atención a sus descripciones, pero en realidad, y hoy lo confieso abiertamente sin ningún arrepentimiento, sólo la observaba y recorría lentamente su cuello y la manera en cómo éste se perdía en el cuello de su blusa azul.

Hoy me pregunto: ¿Cuál será el final de su piel que nunca conocí? ¿Una mano poderosa que la sujetará en el futuro para someterla? ¿Un final feliz con unos labios que recogerán su olor para siempre sin siquiera poderlo entender? ¿No pudo haber sido un final de líneas de poemas hasta sus tobillos dibujados? ¿Tan mal hubiera sido?

De raudo volteó, me miró fijamente y preguntó:
-¿Acaso ustedes los anarquistas no aman la naturaleza y todas sus creaciones?-
-Por supuesto- le respondí casi ofendido por su pregunta obvia.
Y entonces ¿Por qué no me estás poniendo atención a lo que te estoy diciendo?
No supe que responder, no tenía el valor de darle la respuesta precisa en el momento indicado. Tiempo después, ella misma me insinuaría esta oportunidad perdida para siempre.

Intenté desviar su pregunta y comenté:
Sabes, Los anarquistas amamos la naturaleza, y la vida que ha otorgado desde hace miles años; un sol y una flor arrancan nuestras sonrisas y una tarde de lluvia torrencial nos arrebatan nuestras constantes lágrimas. Una tarde en el campo, un chapuzón en el río y un paisaje en la montaña, calman nuestro profundo dolor.

Sentí que su mirada se perdía en el horizonte al imaginar a los felices anarquistas disfrutando de las bondades de la naturaleza. Ella la amaba tanto que no perdía tiempo para fomentar las ventajas del respeto al medio ambiente. Sus ojos claros llenaban de felicidad mi caminar. Hoy ya no está aquí, desapareció de mi vida hace poco menos de un año. Y si acaso pensaba volver algún día, ya no lo hará porque sabe que ya estoy feliz con otra persona.

Cerró su libro, acercó su cara a la mía tanto que sentí su cálido aliento, y dijo:
-¿Te puedes imaginar viviendo en el campo como un auténtico anarquista Adolfo?
-Sí, claro,- le respondí feliz y agregué, -y me imagino rodeado de tus mariposas multicolor-

Y de pronto me dijo: 
-No olvides imaginártelas con flores Adolfo, las mariposas no pueden vivir sin sus flores...

martes, 9 de marzo de 2010

Eres Calor en el Frío y Suave Briza en el Fervor.



Martes 9 de Marzo del 2010.
Un año después.



Y pasas, y siento que el aire se estremece, y todo yo, inmóvil, soy deseo y angustia y necesidad de ti.
¿Por qué eres tan hermosa? ¿Te acunaron en versos?  ¿Leche de flor bebiste? ¿Quién te modeló sobre mi corazón, quién te tatuó sobre mis ojos?
Jaime Sabines.

A principio de este año, el frío ha cobrado la factura que le quedamos a deber en noviembre y diciembre pasados. Ahora, harto de él, sólo deseo estar en ti.

Dos y media de la madrugada, estoy recargado en mi ventana y fumando un cigarrillo. El silencio es abrumador, un viento frío golpetea mi pecho mientras veo una higuera triste que jamás ha dado frutos. Los gatos negros pasan por los bordes de las incalculables bardas, me ven y me dicen con sus miradas, que desafortunadamente está lejos mi fin. Al fondo, un dulce tango de Carlos Gardel me atormenta el corazón, y el sonido de la hoja de tabaco consumiéndose rápidamente en mi boca me distrae por un segundo.



Sabes, hace poco le escribí a un amigo inconscientemente sobre ti. Pude hablarle de lo complicado de escribir mientras tienes mil pendientes a cuestas o de cómo salí del problema de sistematizar un gran puñado de ideas explosivas en la cabeza, pero ciertamente, terminé hablando de ti. Afortunadamente, él entiende lo que me pasa, y acepta con gran gusto mi escribir.

Por otro lado, esta mañana, acostado en el pasto y viendo el ir y venir de las nubes escondiéndose entre los frondoso árboles, saltaron a mi cabeza más pensamientos sueltos para ti. Pero estos, por primera vez, quiero que los conozcas. A continuación, no sin algo de pudor, te las copiaré aquí abajo.
Recuerda que son ideas sueltas, lo cual significa que, si bien no tiene relación directa unas con otras, son abismos de pensamiento que salen a flote como lava ardiente de mí ser. Como involuntarias e insurrectas, nadie las puede alterar, ni siquiera yo. Espero las entiendas como yo quisiera. Si es que lo haces, estarás descubriendo cosas muy importantes de mi cariño.

…de ti pienso y descanso, de ti muero quedamente y revivo para oler tu cuello y alejarme lentamente a la oscuridad. Camino mirándote a mi lado, hablo tratando de impresionarte y duermo tranquilo a tu lado en las noches de borrasca…
…eres calor en el frío y suave briza en el fervor. Sueño tus besos, tus caricias, y deseo arrancarte pedazos para armarte igual mil años después. Caminar contigo y saborear tu cuerpo al abrazarte, son sueños pasados y realidades que figuran sólo en la idea…

…eres mi confianza y pánico a la vez. Salto para respirar algo ajeno a ti y así lograr sobrevivirte, pero a la vez me inclino para rozar tus pies con mis mejillas y sentir el terciopelo que sólo la piel de la mujer da…

¿Tendrás en cuenta entonces, lo que vivimos hoy? Quien quiera que maneje estos hilos, lo hace tan bien, que lo que he aprendido con los años no me sirve para nada al escuchar tus palabras pausadas y lentas como un éxtasis eterno en medio de la rabia de la humanidad a que, creas o no, desgraciadamente renuncié...

...silencio!! Ese susurro inhóspito de la madrugada se ha convertido en tu voz al invitarme a volar y dejar salir el alma de mi vacío cuerpo…
…ayer quise verte caminar sola, quise modelar tu perfil en las nubes de una tarde veraniega en el cielo. Quise arrancarte el corazón y sujetarlo fuertemente sobre mi pecho gritando que por fin eras mía...

…he caído cansado y, alerta, despierto al oler tus pechos blancos enjabonados de miel y azúcar…
Conoces esos olores que vienen del pasado a decirnos: ¡Hola! – ¡ya es hora de partir!-
Sal de aquí ahora, yo ya no soy más.

Las explosiones de palabras chocan y se contradicen unas con otras, ¿lo notas? Esta pasión me vuelve loco. Por ahora es todo. Ya recordaré más ideas y esta vez, buscaré ordenarlas.

Sabes, he caminado tanto que a veces, solo a veces, creo que no hay fin. Siento que lo he visto todo, tocado todo y sentido todo. Las piernas me duelen, el sol me quema y aun así sigo caminando. Nadie estropea mi caminar, nadie sabe lo que es caminar. Pasos seguros, mirada al frente y observación minuciosa de todos los elementos a tu lado. Pero esta mañana, el escuchar al viento acariciar las copas de los árboles y sentir ese breve frío colándose por mi cuello, llega esa frenética necesidad de encender un cigarrillo. Allí acostado, sólo escucho el caminar de allá para acá de la hojarasca y me pierdo en un mar de simples ideas sobre la soledad. Pienso en ver tus ojos y platicarte de cosas que los árboles me susurraron cuando, por un segundo, sólo por un segundo, me sintieron parte de ellos.

viernes, 15 de enero de 2010

Me gusta bañarme cuando está lloviendo.


Me gusta bañarme cuando está lloviendo, el agua de la lluvia golpea contra la ventana del baño y es como si me bañara allá afuera. De niño, en la nostálgica sierra de Puebla, la ventana del baño daba al campo abierto, y veía la inmensidad mientras me lavaba el pelo, la niebla empañaba el vidrio por fuera y el agua caliente, la empañaba por dentro. Amaba hacer eso, lo amaba tanto que siempre me tocaban para salir después de un buen tiempo. La verdad, a mi me valía madres, nadie me podía quitar ese privilegio como niño.

Recuerdo con gran nostálgia los paseos con olor a tierra mojada y mi amor a los animalillos extraños que buscaban sombra entre los ahuehuetes del bosque. Allí conocí la libertad y la belleza, me tomaron y me hicieron viajar, como lo siguen haciendo hoy, por las comunidades indígenas.

Recuerdo bien un camino que encontré una mañana de invierno. Un camino que era ondulante, que a su vez iba flanqueado por un pequeño riachuelo donde las piedras de rio tomaban formas elípticas y colores verdosos. Ese caminito en medio del bosque era un paso para los indios y sus caballos que iban al mercado a vender sus productos. Al verlos, me escondía detrás de los frondosos árboles, no podía permitir que me vieran, era un secreto que yo estuviera metido por esos lugares.

La neblina desaparecía de la sierra a medio día y se veía un paisaje de cañadas a lo lejos, el fondo era inimaginable, lo amé, lo amé tanto que nunca lo he olvidado. Hoy, cuando quiero salir de esta gran nube negra, cierro los ojos, de pronto los abro y veo unas manitas de niño, unos pantalones cafés y zapatitos negros, corro a los matorrales, los abro y… la cañada lista para que la explore contento y feliz de viajar por mi pasado.

martes, 29 de diciembre de 2009

Ser gobernado significa ser...

Ser gobernado significa ser vigilado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, reglamentado, encasillado, adoctrinado, sermoneado, fiscalizado, estimado, apreciado, censurado, mandado por seres que no tienen ni título, ni ciencia, ni la virtud. Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, en cada transacción, ser anotado, registrado, censado, tarifado, timbrado, tallado, cotizado, patentado, licenciado, autorizado, apostillado, amonestado, contenido, reformado, enmendado y detenido.
Es, bajo el pretexto de utilidad pública y en nombre del interés general, ser expuesto a contribución, ejercido, desollado, explotado, monopolizado, depredado, mistificado, robado; luego, al menor movimiento de resistencia, a la menor palabra de protesta, reprimido, multado, vilipendiado, vejado, acosado, maltratado, aporreado, desarmado, agarrotao, encarcelado, fusilado, ametrallado, juzgado, condenado, deportado, sacrificado, vendido, traicionado y para colmo, burlado, ridiculizado, ultrajado y deshonrado.
¡He aquí el gobierno, he aquí su moralidad, he aquí su justicia!

J.P.Proudhon

lunes, 14 de diciembre de 2009

Yo quiero un dulce cigarrillo de sus blancas manos.

14 de diciembre del 2009.


Espantado de todo, me refugio en ti.
Tengo fe en el mejoramiento humano,
en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.
Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas,
diles que te amo demasiado para profanarte así.
Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos.
Con esos arreos de gala te me has aparecido.
Cuando he cesado de verte de una forma,
he cesado de pintarte.
Esos riachuelos han pasado por mi corazón.
José Martí.

Siempre he creído que las caminatas nos sirven para reflexionar. Claro, sin que se nos presente un calor tremendo y surja ese molesto sudor que empape tu frente y haga que todo paso sea una verdadera pesadez. Creo que el clima perfecto es el frío moderado y, si se puede pedir demasiado, caminando después de la lluvia. Porque siento que es como si el agua nos pusiera una alfombra natural que hace flotar nuestros pies y hace menos la fricción al caminar.

Hoy recuerdo tu pregunta recién, ¿recuerdas? Sí, sobre si ya estaba enamorado de ella. ¿Que por qué recuerdo esa pregunta? Pues porque he estado pensándole una respuesta. Y no es que sea difícil responderme eso, lo difícil es, ciertamente, las medidas que debería tomar si es que en verdad lo estoy.

Si decides seguir escuchando más acerca de ella, intentaré describírtela con más precisión. Quisiera poder narrar el sentimiento enorme que ella ha provocado en mi, pero por desgracia mis palabras son tan limitadas y tan simples, que no lograría acercarme un poco más a la descripción de la anterior carta, que por cierto, he de confesarte, me costó mucho trabajo. Pero aún así lo intentare, ella lo vale.

Primero quisiera contarte acerca del recuerdo que tengo todavía muy presente sobre el día que la conocí. Esa temporada, que está pronto por cumplir ya un año, fue un dolor profundo en mi familia. Nos cayó una de esas pérdidas que no se perdonan a ningún dios. Uno de esos dolores que solo les llega a la gente como nosotros. Pero este no es lugar para contarte de dolores reales y certeros. Sino para mostrar la enorme alegría que me hace sentir cada vez que la veo venir mirándome fijamente a los ojos.

Sabes, del día que la conocí recuerdo que ella estaba recargada en la pared mirándome fijamente aquel día que llegué por primera vez a ese lugar. Recibí unos papeles suyos y, de inmediato, pasó de largo frente a mí. Poco a poco y día a día la fui conociendo. Supe de su carácter y sus desplantes de digna soberbia que tanto hacen falta hoy a la gente, y que ella, tan bien, sigue manejando ahora que estamos juntos. Inmediatamente noté que era muy diferente a las demás, por no decir superior. Es de esas personas que llaman la atención desde el primer momento que tu mirada las enfoca. En estos tiempos sé que eso no importa, sino más bien, qué tan fácil te seria poder tener un contacto más cercano y fácil para llegar a la intimidad. Pero eso no importa para mí. Yo solo, desde el primer día, la he querido leer de pies a cabeza.

Ahora ha pasado tanto tiempo, y su mirada es más profunda cuando me ve. Mi reflejo en sus ojos me dice que vamos por buen camino. Creo que lo demuestra mi felicidad al verla como toma, por ejemplo, un cigarro con sus manos blancas y lo lleva hacia su boca lentamente con su mirada fija en algún aspecto de nuestro alrededor. Sabes, me encanta abrazarla fuertemente porque al regresar a casa su olor se queda impregnado en mis brazos y antebrazos y al irme a descansar regresa ese olor que me alienta a dormir tranquilamente en la habitación oscura que un día compartimos exhaustos.

El sol y la frente de su blanca cara crean una resplandor que muy pocos lograrían descifrar. Es una de esas incógnitas que si no eres observador, jamás notarias. Afortunadamente tengo la suerte de notar ese tipo de cosas.

¿Quieres que te describa un poco más? Pero espera, necesito uno de esos cafés negros que empapan el alma para cocinarla lentamente con los latidos del corazón y el ir y venir del aire que atascan los pulmones malgastados. Un café negro y un cigarrillo frente a este ordenador. Un silencio inhóspito que se nos regala a las dos de la madrugada. Yo siempre he creído que del silencio surgen las mejores palabras.

Y con las palabras podemos escribir los bellos recuerdos. Esos bellos recuerdos que nos traen sensaciones y pulsaciones que hacen temblar los párpados cuando tus ojos están cerrados y estas recargado en algún lugar con los brazos extendidos y como flotando en el aire.

Yo recuerdo que el día de mi cumpleaños al caminar yo y ella pudimos ver una hermosa luna saliendo por el oriente al esfumarse la luz de la tarde. Tengo hermosas sensaciones a su lado. Hoy, en este invierno que nos ha traicionado por no traernos esos fríos exquisitos, he hecho una promesa relacionada con ella. ¿Quieres que te la cuente? ¿Prometes no reírte ni burlarte?

Está bien. En la próxima carta te la diré.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Un Pingüino en la Selva Lacandona ( I )

(La zapatista es apenas una casita, acaso la más pequeña, en una calle llamada “México”, en un barrio llamado “Latinoamérica”, en una ciudad llamada “Mundo”).

No me lo van a creer, pero en el Cuartel General del ezetaelene hay un pingüino. Ustedes dirán “¡Ah qué el Sup!, ya se le fundieron los fusibles por la Alerta Roja”, pero es la verdad. Es más, mientras les escribo esto, él (o sea el pingüino) está aquí a mi lado, comiendo del mismo pan duro y rancio (tiene tanto moho que le falta un grado para ser penicilina) que, con el café, me tocó como ración de hoy. Sí, un pingüino. Pero de esto les cuento más luego, porque primero hay que platicar un poco de la Sexta Declaración.

Hemos leído con atención parte de las dudas, críticas, consejos y debates sobre lo que planteamos en la Sexta. No todas, es cierto, pero adjudíquenlo no a la desidia, sino a la lluvia y el lodo que alargan todavía más los caminos en las montañas del Sureste Mexicano. Aunque son muchos los puntos, en este texto sólo me referiré a algunos de ellos.

Algunos de los ejes de crítica se refieren al llamado a un nuevo intercontinental, al carácter nacional mexicano de la Sexta Declaración y, de la mano de éste, a la propuesta (todavía es sólo eso, una propuesta) de unir la lucha indígena a las de otros sectores sociales, marcadamente a las de los trabajadores del campo y la ciudad. Otros se refieren a la definición de izquierda anticapitalista, y a que la Sexta toca “temas viejos” o utiliza conceptos “desgastados”. Algunos más advierten peligros: el desplazamiento del tema indígena por otros y, por consiguiente, el arrinconamiento de los pueblos indios como sujetos de transformación; el vanguardismo y centralismo que pudiera surgir en la política de alianzas con organizaciones de izquierda; la sustitución del liderazgo social por el político; el que la derecha use al zapatismo para golpear a López Obrador, o sea al centro político (yo sé que esos señalamientos dicen que AMLO es de izquierda, pero él dice que es de centro, así que aquí tomamos lo que él dice, no lo que dicen por él). La mayoría de estos señalamientos son bien intencionados y buscan ayudar, bien advirtiendo obstáculos en el camino, o bien aportando opiniones de cómo podría crecer el movimiento que pretende despertar la Sexta. Todo esto lo agradecemos, lo valoramos y lo tomamos en cuenta.

De la tijera y el engrudo.

Dejaré de lado a quienes lamentan que la alerta roja no haya culminado en la reanudación los combates ofensivos por parte del EZLN. Sentimos no haber cumplido con sus expectativas de sangre, muerte y destrucción. Ni modos, discúlpenos. Tal vez en otra ocasión… También quedan a un lado las críticas deshonestas. Como las de quienes editan el texto de la Sexta Declaración para que diga lo que quieren que diga. Esto es lo que hace el señor Víctor M. Toledo en su artículo “El zapatismo rebasado. Sustentabilidad, resistencias indígenas y neoliberalismo”, publicado en el periódico mexicano La Jornada (18 julio 05). Creo que se pueden debatir los propósitos y métodos que plantea la Sexta Declaración sin necesidad de ser deshonestos. Porque, aplicando el método de “la tijera y el engrudo”, el señor Toledo edita la Sexta para señalar que le falta… lo que le cortó. Dice Toledo:”Sorprende que (el EZLN en la Sexta Declaración) decida unir sus esfuerzos a campesinos, trabajadores, obreros, estudiantes, mujeres, jóvenes, homosexuales, lesbianas, transexuales, sacerdotes, monjas y luchadores sociales, y que no haga una sola referencia a las miles de comunidades indígenas volcadas a la búsqueda de la sustentabilidad”.

Bueno, las partes que el señor Toledo editó de la Sexta dicen lo contrario. Por ejemplo, en el segmento donde se reconoce la existencia de resistencias y alternativas al neoliberalismo en México, y como primer lugar en la enumeración de ellas, se señala: “Y así nos enteramos que hay indígenas, que sus tierras están retiradas de aquí de Chiapas, y que hacen su autonomía y defienden su cultura y cuidan la tierra, los bosques, el agua”. Tal vez el señor Toledo esperaba un recuento detallado de esas luchas indígenas, pero eso es una cosa, y otra muy diferente, y deshonesta, es decir que no se hace ni una sola referencia. En el recuento que hace el señor Toledo de los esfuerzos a los que el EZLN decidió unirse, ha cortado al primer grupo social al que se refiere la Sexta, que dice, textual: “Y entonces, según el acuerdo de la mayoría de esa gente que vamos a escuchar, pues hacemos una lucha con todos, con indígenas, obreros, campesinos, etcétera.”. Y no sólo, el primer punto de la Sexta propiamente dicha señala: “1.- Vamos a seguir luchando por los pueblos indios de México, pero ya no sólo por ellos ni sólo con ellos, sino que por todos los explotados y desposeídos de México, con todos ellos y en todo el país “. Y en el colofón de la Sexta se dice “Invitamos a los indígenas, obreros, campesinos,… etcétera”. En fin, imagino que habrá, entre los irritados por nuestras críticas a López Obrador y al PRD, argumentos más serios, y honestos, para el debate. Tal vez algún día los presenten. Esperaremos, es nuestra especialidad.

De en este barrio no te queremos.

Están también las críticas, aunque más soterradas, a que la Sexta Declaración se refiera a algunos temas internacionales y al modo en que son tocados. Así, algunos critican que nos refiramos al bloqueo que el gobierno norteamericano mantiene contra el pueblo de Cuba. “Es un tema muy viejo”, dicen. ¿Qué tan viejo? ¿Tanto como el bloqueo? ¿O tan viejo como la resistencia de los pueblos indios en México? ¿Cuáles son los temas “modernos”? ¿Quién, con honestidad, puede ver el mundo y dejar pasar, “por ser un tema viejo”, una agresión a un pueblo que hace lo que deben hacer todos los pueblos, es decir, decidir su rumbo, paso y destino como Nación (”defender la soberanía nacional” le dicen)? ¿Quién puede ignorar las décadas de resistencia de todo un pueblo ante la prepotencia Norteamericana? ¿Quién, sabiendo que puede hacer algo, aunque sea muy poco, por reconocer ese esfuerzo, no lo hace? ¿Quién puede ignorar que ese pueblo cada vez tiene que levantarse, después de una catástrofe natural, no sólo sin los apoyos y créditos de los que gozan otros países, también en medio de un cerco brutal e inhumano? ¿Quién puede hacer caso omiso de la base norteamericana de Guantánamo en territorio cubano, del laboratorio de torturas en que se convirtió, de la herida que representa en la soberanía de una Nación y decir: “vamos, ése es un tema viejo”?

Por otra parte, ¿no les parece natural que, en un movimiento mayoritariamente indígena como el zapatista, despierte simpatías y admiración lo que hacen los indígenas en Ecuador y Bolivia? Que sienta hermandad con los que no tienen tierra y luchan en Brasil. Que se sienta identificado con los “piqueteros” de Argentina, y que salude a las Madres de Plaza de Mayo. Que perciba similitudes en experiencias y organización con los Mapuche de Chile y con los indígenas de Colombia. Que advierta en Venezuela lo evidente, a saber: que el gobierno norteamericano está haciendo todo lo posible por vulnerar la soberanía de ese país. Que aplauda con entusiasmo las grandes movilizaciones en Uruguay para oponerse a la imposición de la “estabilidad macroeconómica”.

La Sexta Declaración no se refiere a instituciones de arriba, buenas o malas. La Sexta está mirando abajo. Y está mirando una realidad que es compartida, cuando menos desde las conquistas que España y Portugal hicieron en las tierras que hoy comparten el nombre de “Latinoamérica”. Tal vez este sentimiento de pertenencia a “la patria grande” que es América Latina, es “viejo”, y lo “moderno” es voltear la mirada y las aspiraciones al “norte revuelto y brutal”. Tal vez, pero si algo es “viejo” en este rincón de México, de América y del Mundo, es la resistencia de los pueblos indios.

De no te queremos en esta calle.


Hay también (resalto y resumo algunas de ellas), las críticas por pretender “nacionalizar y aún universalizar” nuestro discurso y nuestra lucha. La Sexta, nos dicen, recae en estos despropósitos. Recomiendan entonces que el EZLN se quede en Chiapas, que fortalezca las Juntas de Buen Gobierno, y que se circunscriba al compartimento estanco que le ha tocado. Que ya consolidado ese proyecto y ya que hayamos demostrado que podemos “poner en práctica una modernidad alternativa al neoliberalismo en los propios territorios”, entonces podríamos lanzamos a lo nacional, a lo internacional y a lo íntergaláctico. Frente a esos argumentos, nosotros presentamos nuestra realidad. No pretendemos competir con nadie a ver quién es más antíneoliberal o quién tiene más avances en la resistencia, pero, con modestia, nuestro nivel y aporte están en las Juntas de Buen Gobierno. Se puede venir, hablar con las autoridades o con los pueblos, hacer caso omiso de las cartas y comunicados donde hemos dado cuenta de este proceso e investigar, de primera mano, lo que aquí pasa, de los problemas que enfrenta, de cómo se resuelven. No sé ante quienes tenemos qué demostrar que todo esto es “poner en práctica una modernidad alternativa al neoliberalismo en los propios territorios” y quién nos va a calificar con palomita o tache, y, entonces sí, permitirnos salir e intentar unir nuestra lucha a otros sectores.

Además, tenemos el presentimiento de que esas críticas serían alabanzas… si la Sexta declarara el apoyo incondicional al centro político representado por López Obrador. Y, si dijéramos “vamos a salir para sumamos a las redes ciudadanas en apoyo a AMLO”, vendrían el entusiasmo, los “sí”, los “claro, hay que salir, no hay que quedarse encerrado, es hora de que el zapatismo abandone su guarida y una sus experiencias a las masas volcadas a favor del esperado”. Mmh… López Obrador. Acaba de presentar su “Proyecto Alternativo de Nación” ante las redes ciudadanas. Nosotros desconfiamos y no vemos mas que un maquillaje plástico (y que cambia según el respetable) y una lista de promesas olvidables. Como quiera, tal vez alguien pueda decirle a AMLO que no puede prometer “el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés”, porque eso significa, entre otras cosas, reformar la Constitución y, si mal no recuerdo, ése es trabajo del Congreso. En todo caso, la promesa la debería hacer un partido político, señalando que sus candidatos cumplirán si son elegidos. De otra forma, tendría que proponerse que el ejecutivo federal mandara sobre los otros poderes, o los desconociera. O sea una dictadura. Pero no se trata de eso. ¿O si?

En la política de arriba, los proyectos buscan, en los períodos electorales, sumar lo más que se pueda. Pero al sumar a unos, restan a otros. Entonces deciden sumar a los más, y restar a los menos. Como estructura paralela al PRD, AMLO ha creado las “redes ciudadanas” y su objetivo es sumar a los que no son perredistas. Para esas redes ciudadanas, AMLO presenta a 6 personas que van a coordinar, a nivel nacional, a todos los lopezobradoristas no perredistas. Veamos a dos de los “coordinadores nacionales”:

Socorro Díaz Palacios, Subsecretaría de Protección Civil en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. El 3 de enero de 1994, mientras los federales perpetraban la matanza del mercado de Ocosingo, declaró (cito el Boletín de Prensa de la Secretaría de Gobernación): “Los grupos violentos que están actuando en el estado de Chiapas presentan una mezcla de intereses y de personas tanto nacionales como extranjeras. Muestran afinidades con otras facciones violentas que operan en países hermanos de Centroamérica. Algunos indígenas han sido reclutados, presionados por los jefes de estos grupos, y también, sin duda, manipulados en torno a sus reclamos históricos que deben seguirse atendiendo”. Y más adelante: “El ejército mexicano, por su parte, seguirá actuando con gran respeto a los derechos individuales y de la población hasta dar una respuesta clara y decidida a la demanda de orden y seguridad… bla, bla, bla”. En los días subsiguientes la Fuerza Aérea bombardeaba las comunidades indígenas al sur de San Cristóbal de las Casas, y el ejército federal detenía, torturaba y asesinaba a 3 indígenas en la comunidad de Morelia, entonces en el municipio de Altamirano, Chiapas, México.

Ricardo Monreal Ávila.- En enero de 1998, apenas unos días después de la matanza de Acteal, el entonces diputado por el PRI e integrante de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión “comentó que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) es un grupo paramilitar, al igual que aquellos que victimaron a los 45 indígenas tzotziles el 22 de diciembre de 1997 en Chenalhó, Chiapas. “Porque paramilitar es todo aquel que actúa como Ejército sin serlo y se arma siendo civil. Todos tienen que desarmarse, porque todos han contribuido a esta violencia innecesaria, injusta y torpe en el que nos han enlutado a todos los mexicanos”, indicó” (”El Informador” de Guadalajara, Jalisco. 3/1/98). Días después, antes de pasarse al PRD porque en el PRI no le dieron la candidatura al gobierno de Zacatecas, declararía (cito la nota de Ciro Pérez y Andrea Becerril, en La Jornada, 7/1/98) que el episodio de Chenalhó (se refiere a la matanza de Acteal) sí estaba planeado, “pero no por quien asegura el líder blanco de los indígenas de piel oscura”, opina que la posición del EZLN respecto a la matanza trata de “allegarle una justificación adelantada a Marcos y a los intereses que protege”, y termina advirtiendo que el EZ sirve intereses extranjeros que buscan “obtener el dominio de la zona del Istmo de Tehuantepec, sus recursos y su ubicación estratégica, objetivo al que adecuadamente sirven Marcos y los ejércitos que disputan la bandera indígena”. Mmh… me suena, me suena… sí, es el punto 28 del programa de AMLO que dice, textual: “Vincularemos el Pacífico con el Atlántico, en el Istmo de Tehuantepec, mediante la construcción de dos puertos comerciales: uno en Salina Cruz, Oaxaca, y otro en Coatzacoalcos, Veracruz, así como ferrocarriles de carga de contenedores y la ampliación de la carretera existente “.

Con esos personajes, López Obrador se ha definido, ha sumado a unos y, con ellos, ha restado, entre otros, a los “neozapatistas”.

Pero, por otro lado, ¿por qué no hay nada en ese programa sobre los presos y desaparecidos políticos en la guerra sucia de los 70’s y 80’s?. Ni sobre castigo a los ex gobernantes que se enriquecieron de manera ilícita. Ni sobre hacer justicia en los casos de las masacres de Acteal, El Bosque, Aguas Blancas, El Charco. Me temo que, en justicia, López Obrador ofrece “borrón y cuenta nueva” lo que, paradójicamente, no es nuevo. Antes de volver a las críticas a los pronunciamientos que sobre México, Latinoamérica y el Mundo hace la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, permítanme decirles algo:

De vamos a salir.

Vamos a salir. Vamos a salir, y más vale irse haciendo a la idea. Vamos a salir y, creo, sólo hay 4 formas de detenernos.

Una es con un ataque preventivo, tan de moda en esta etapa neoliberal. Los pasos predecibles son: acusaciones de ligas con el narcotráfico o, en general, con el crimen organizado; invocaciones al estado de derecho y pamplinas por el estilo; una campaña mediática intensa; un ataque doble (contra las comunidades y contra la Comandancia General); control de daños (es decir reparto de dinero, concesiones y privilegios entre los “voceros de la opinión pública”); las autoridades llaman a tomar las cosas con calma; los políticos declaran que lo más importante es que el proceso electoral transcurra en paz y con tranquilidad social; después de un breve impasse, los candidatos reanudan sus campañas.

Otra es tomarnos presos en el momento de salir, o en el transcurso de “la otra campaña”. ¿Los pasos? Reuniones clandestinas entre las dirigencias del PRI, PAN y PRD para hacer acuerdos (como en 2001, cuando la contrarreforma indígena); la Cocopa declara que el diálogo está roto; el Congreso vota la anulación de la Ley para el Diálogo; la PGR activa las órdenes de aprehensión; un comando de la AFI, con apoyo del ejército federal, toma prisioneros a los delegados zapatistas; simultáneamente, el ejército federal copa las comunidades indígenas rebeldes “para prevenir el desorden y mantener la paz y la estabilidad nacionales”; control de daños, etcétera.

Otra es matarnos. Etapas: se contrata a un sicario; se monta una provocación; se comete el crimen; las autoridades lamentan el hecho y ofrecen investigar “hasta las últimas consecuencias y caiga quien caiga”. Otra alternativa: “un lamentable accidente provocó la muerte de la delegación zapatista que se encontraba en trayecto hacia bla, bla, bla”. En ambas: control de daños, etcétera.

Otra es desaparecernos. Me refiero a una desaparición forzada, como la que se aplicó a cientos de opositores políticos en la etapa de “estabilidad” priísta. Ésta podría ser así: no aparecen los delegados zapatistas; la última vez que se les vio fue cuando bla, bla, bla; las autoridades ofrecen investigar; se aventura la hipótesis de un problema pasional; las autoridades declaran que investigan todas las pistas y que no se descarta que la delegación zapatista haya aprovechado la salida para huir, con una cantidad de pozol agrio, a un paraíso fiscal; la INTERPOL investiga en las Islas Caimán; control de daños, etcétera.

Éstos son los peligros iniciales con los que topa la Sexta. Para enfrentar esas posibilidades es que nos hemos preparado muchos años; es por eso que la Alerta Roja de las tropas insurgentes no se ha levantado, sólo la de los pueblos; y es por eso que uno de los comunicados señalaba que el EZLN puede perder, por cárcel, muerte o desaparición forzada, a parte o a la totalidad de su dirección conocida públicamente, y seguir luchando.

(Continuará…)

Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Julio del 2005.

Un Pingüino en la Selva Lacandona. (II)

(La zapatista es apenas una casita, acaso la más pequeña, en una calle llamada “México”, en un barrio llamado “Latinoamérica”, en una ciudad llamada “Mundo”).



Les decía yo sobre las críticas a los señalamientos que sobre México, Latinoamérica y el Mundo, hace la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Bueno, pues frente a ellas permítanme algunas preguntas:

De en este mundo no cabes.

¿Qué pasa, por ejemplo, hace más de una década, cuando una niña (digamos de 4 ó 6 años), indígena y mexicana, ve que su padre, sus hermanos, sus tíos, sus primos, o sus vecinos, toman un arma, una bola de pozol y un tanto de tostadas y “se van a la guerra”? ¿Qué pasa cuando algunos no regresan?

¿Qué pasa cuando esa niña crece y, en lugar de ir por la leña, va a la escuela y aprende a leer y escribir con la historia de lucha de su gente?

¿Qué pasa cuando esa niña llega a la juventud, después de 12 años de ver, oír y hablar con mexican@s, vasc@s, norteamerican@s, italian@s, español@s, catalan@s, frances@s, holandes@s, aleman@s, suiz@s, británie@s, fínlandes@s, danes@s, suec@s, grieg@s, rus@s, japones@s, australian@s, fílipín@s, corean@s, argentín@s, chilen@s, canadiens@s, venezolan@s, colombían@s, ecuatorian@s, guatemaltec@s, portorriquefi@s, dominican@s, uruguay@s, brasileñas, cuban@s, haitian@s, nicaraguens@s, hondureñ@s, Bolivian@s, y etcéter@s, y saber de cómo son sus países, sus luchas, sus mundos?

¿Qué pasa cuando ve que esos hombres y mujeres comparten con su comunidad las carencias, los trabajos, las angustias, las alegrías?

¿Qué pasa con esa niña-luego-púber-luego-jóvena después de ver y escuchar a “las sociedades civiles”, durante 12 años, trayendo no sólo proyectos, también historias y experiencias de diversas partes de México y del Mundo? ¿Qué pasa cuando ve y escucha a los obreros electricistas, trabajando con italian@s y mexican@s en la instalación de una turbina para dotar de luz a una comunidad? ¿Qué pasa cuando se encuentra con los jóvenes universitarios en plena huelga de 1999-2000? ¿Qué pasa cuando descubre que en el mundo no sólo hay hombres y mujeres, sino que la atracción y el amor tienen muchos caminos y modos? ¿Qué pasa cuando ve a jóvenes estudiantes en el plantón de Amador Hernández? ¿Qué pasa cuando escucha lo que dijeron los campesinos de otras partes de México? ¿Qué pasa cuando le cuentan de Acteal y los desplazados en Los Altos de Chiapas? ¿Qué pasa cuando conoce de los acuerdos y avances de los pueblos y organizaciones del Congreso Nacional Indígena? ¿Qué pasa cuando se entera que los partidos políticos ignoraron la muerte de los suyos y decidieron desconocer los acuerdos de San Andrés? ¿Qué pasa cuando le cuentan que los paramilitares del PRD atacaron una marcha zapatista, pacífica y para llevarle agua a otros indígenas, y dejaron a varios compañeros heridos de bala, precisamente un 10 de abril? ¿Qué pasa cuando ve a los soldados federales pasar todos los días con sus tanques de guerra, sus vehículos artillados, sus fusiles apuntando a su casa? ¿Qué pasa cuando alguien le cuenta que en un lugar que se llama Ciudad Juárez, secuestran, violan y asesinan a jovencitas como ella y las autoridades no hacen justicia?

¿Qué pasa cuando escucha a sus hermanos y hermanas, a sus padres, a sus parientes, contar de cuando fueron a la marcha de los 1,111 en 1997, a la consulta de los 5000 en 1999, platicar de lo que vieron y escucharon, de las familias que los recibieron, de cómo es su modo de los ciudadanos, de que también luchan, de que tampoco se dejan?

¿Qué pasa cuando ve, por ejemplo, a Eduardo Galeano, Pablo González Casanova, Adolfo Gilly, Alain Touraine, Neil Harvey, con el lodo hasta las rodillas, reunidos en una champa en La Realidad, platicando del neoliberalismo? ¿Qué pasa cuando escucha a Daniel Viglietti cantar en una comunidad “A desalambrar”? ¿Qué pasa cuando ve la obra de teatro “Zorro el zapato” que los niños franceses de Tameratong presentaron en tierra zapatista? ¿Qué pasa cuando ve y escucha a José Saramago hablando, hablándole? ¿Qué pasa cuando oye a Osear Chávez cantar en tzotzil? ¿Qué pasa cuando escucha a un indígena Mapuche contar su experiencia de lucha y resistencia en un país que se llama Chile? ¿Qué pasa cuando se mete a una reunión donde uno que dice que es “piquetero” cuenta de cómo se organizan y resisten en un su país que se llama Argentina? ¿Qué pasa cuando oye a un indígena de Colombia contar que, en medio de la guerrilla, los paramilitares, los soldados y los asesores militares norteamericanos, sus compañeros tratan de construirse como indígenas que son? ¿Qué pasa cuando oye a los “ciudadanos musiqueros” tocar esa música muy otra que se llama “rock” en un campamento de desplazados? ¿Qué pasa cuando sabe que los de un equipo italiano de fútbol que se llama Internazionale de Milano apoyaron económicamente a los heridos y desplazados de Zínacantán? ¿Qué pasa cuando ve llegar a un grupo de hombres y mujeres norteamerican@s, aleman@s y británic@s con aparatos electrónicos, y los escucha contar de lo que hacen en sus países para acabar con las injustícias, mientras le enseñan a armar y a usar esos aparatos, y al rato ella ya está frente al micrófono diciendo “Escucha usted Radio Insurgente, la voz de los sin voz, transmitiendo desde las montañas del sureste mexicano, y vamos a empezar con una bonita cumbia que se llama “La Suegra “, y les avisamos a los promotores de salud que ya pasen al Caracol a recoger la vacuna” ¿Qué pasa cuando escucha en la Junta de Buen Gobierno que ese catalán vino desde muy lejos para entregar personalmente lo que un comité de solidaridad juntó como apoyo para la resistencia? ¿Qué pasa cuando ve a un norteamericano ir y venir con el café, la miel y las artesanías (y el producto de su venta), que producen las cooperativas zapatistas, cuando ve que no reclama ninguna atención especial a pesar de que lleva años haciendo eso sin que nadie, mas que nosotros, le lleve la cuenta? ¿Qué pasa cuando ve a l@s grieg@s traer el dinero para los materiales de la escuela y pues que se ponen a trabajar junto con los indígenas zapatistas en la construcción? ¿Qué pasa cuando ve a una frentista llegar al caracol y entregar un camión lleno de medicinas, aparatos médicos, camas de hospital y hasta uniformes y zapatos para l@s promotor@s de salud, mientras otros jóvenes del fzln se distribuyen para ayudar en las clínicas comunitarias? ¿Qué pasa cuando ve que los de “una escuela para Chiapas” llegan, se van y dejan, en efecto, una escuela, un camión escolar, lapiceros, cuadernos, pizarrones? ¿Qué pasa cuando ve que, a la escuela de idiomas que hay en Oventik (y que, en condiciones heroicas mantiene funcionando un compañero “ciudadano”), llegan hindúes, coreanos, japoneses, australianos, eslovenos, iraníes? ¿Qué pasa cuando mira que llega una persona a entregar con la Comisión de Vigilancia un libro con la traducción en árabe o en japonés o en kurdo, de los comunicados del EZLN y las regalías de su venta?

¿Qué pasa cuando, por ejemplo, una niña crece y llega a la juventud en la resistencia zapatista, durante 12 años en las montañas del Sureste mexicano?

Les pregunto porque, por ejemplo, aquí, haciendo la posta de alerta roja en el Cuartel General del EZLN, hay dos ínsurgentas. Las dos son, como dicen los compas, “cien por ciento indígenas y cien por ciento mexicanas”. Una tiene ahora 18 años y la otra 16. O sea que en 1994 tenían 6 años la una y 4 la otra. Como ellas hay decenas en nuestras posiciones de montaña, centenas en las milicias, miles en los cargos organizativos y de comunidad, decenas de miles en los pueblos zapatístas. El mando inmediato de las dos que hacen la posta es un teniente insurgente, indígena, de 22 años, o sea que tenía 10 años en 1994. La posición está bajo el mando de un capitán insurgente, también indígena, al que, como debe de ser, le gusta mucho la literatura, y tiene 24 años, es decir, 12 años cuando inició el alzamiento. Y en todas partes de estas tierras hay hombres y mujeres que pasaron de la niñez a la juventud y de la juventud a la madurez, en la resistencia zapatista.

Entonces, les pregunto: ¿Qué les digo? ¿Que el mundo es ancho y ajeno? ¿Que sólo importa lo que nos pase a nosotros? ¿Que lo que pasa en otras parte de México, de Latinoamérica y del Mundo no nos interesa, que no debemos meternos ni en lo nacional ni en lo internacional, y que debemos encerrarnos (y engañarnos), pensando que podremos lograr, solos, eso por lo que murieron sus parientes? ¿Qué no debemos hacer caso a todas las señales que nos indican que sólo haciendo lo que vamos a hacer podremos sobrevivir? ¿Qué debemos negarle el oído y la palabra a quienes no nos han escatimado ni el uno ni la otra? ¿Qué debemos respetar y apoyar a los mismos políticos que nos negaron una salida digna a la guerra? ¿Qué, antes de salir, tenemos que aprobar ante un jurado calificador para ver si lo que se ha construido acá en 12 años de guerra tiene méritos suficientes?

En la Sexta Declaración les contamos que han entrado nuevas generaciones a la lucha. Y No sólo son nuevas, también tiene otras experiencias, otras historias. No lo dijimos en la Sexta, pero lo digo ahora: son mejores que nosotros, los que empezamos el EZLN e iniciamos el alzamiento. Miran más lejos, tienen el paso más firme, son más abiertos, están mejor preparados, son más inteligentes, más decididos, más conscientes.

Lo que plantea la Sexta no es un producto “importado”, elaborado por un grupo de sabios en un laboratorio ascéptíco, y luego implantado en un grupo social. La Sexta viene de lo que somos ahora y de donde estamos. Por eso aparecen esas partes primero, porque no se puede comprender lo que nos proponemos, si no se entiende antes lo que ha sido nuestra experiencia y organización, es decir, nuestra historia. Y cuando digo “nuestra historia” no estoy hablando sólo de la del EZLN, también incorporo la de todos esos hombres y mujeres de México, de Latinoamérica y del Mundo que han estado con nosotros… aunque no los hayamos visto y estén en sus mundos, sus luchas, sus experiencias, sus historias.

La lucha zapatista es una champita, una casita más, tal vez la más humilde y sencilla entre las que se levantan, con idénticos o mayores penurias y esfuerzos, en esta calle que se llama “México”, Quienes habitamos en esa casita, nos identificamos en la banda que puebla todo el barrio bajo que se llama “Latinoamérica”, y aspiramos a algo aportar en hacer habitable la gran ciudad que se llama “Mundo”. Si esto está mal, adjudíquenlo a todos esos hombres y mujeres que, luchando en sus casas, barrios, ciudades, es decir, en sus mundos, tomaron un lugar entre nosotros. No arriba, no abajo, sino con nosotros.

Un Pingüino en la Selva Lacandona.

Bueno, lo prometido es deuda. Al inicio de este escrito les dije que les iba a contar del pingüino que hay aquí, en las montañas del Sureste Mexicano, así que ahí les va.

Sucedió en uno de los cuarteles insurgentes, hace poco más de un mes, en las vísperas de la Alerta Roja. Me encontraba yo de paso, rumbo a la posición que sería el cuartel general de la Comandancia General del EZLN. Ahí debía recoger a los insurgentes e insurgentes que formarían mi unidad durante la Alerta Roja. El mando del cuartel, un Teniente Coronel Insurgente, terminaba de levantar el campamento y tomaba las disposiciones para mover la impedimenta. Con el fin de no recargarse mucho en el suministro que mandan las bases de apoyo para el sostenimiento de las tropas insurgentes, los combatientes de esta unidad habían desarrollado algunos medios de subsistencia propios: una hortaliza y una granja. Se decidió que de las hortalizas se cargaba lo que se pudiera y lo demás quedaba a la buena de dios. En cuanto a los pollos, gallinas y gallos, pues la alternativa era comerlos o dejarlos. “Mejor los comemos nosotros y no los federales”, decidieron, no sin razón, los hombres y mujeres (jóvenes menores de 20 años la mayoría), que mantenían esa posición. Uno a uno, los animales fueron a parar a la olla y, de ahí, a los platos hondos de los combatientes. Tampoco eran muchos animales, así que en unos cuantos días, la población avícola se había reducido a dos o tres ejemplares.

Cuando sólo quedaba uno, precisamente el día de la partida, pasó lo que pasó…

El último pollo empezó a caminar erguido, tal vez pretendiendo confundirse con nosotros y pasar desapercibido con esa postura. No sé mucho de zoología, pero parece que la constitución anatómica de los pollos no está hecha para caminar erguidos, así que, con el bamboleo que le producía el esfuerzo de mantenerse derecho, el pollo caminaba tambaleándose y sin atinar un rumbo preciso. Fue entonces que alguien dijo “parece pingüino”. El hecho provocó risas y éstas derivaron en simpatía. El pollo parecía, es cierto, un pingüino, sólo le faltaba la pechera blanca. El caso es que las bromas terminaron por impedir que el “pingüino” tuviera el mismo destino que sus compañeros de granja.

Llegó la hora de la salida y, revisando que no quedara nada, se dieron cuenta de que el “pingüino” estaba todavía ahí, tambaleándose de un lado a otro, pero sin volver a su posición natural. “Llevémoslo”, dije, y todos me quedaron viendo para ver si bromeaba o era en serio. Fue la insurgenta Toñita la que se ofreció a llevarlo. Empezaba a llover y lo puso en su regazo, debajo de la pesada capa de plástico con la que la Toñita protegía su arma y su mochila del agua. Lloviendo iniciamos la marcha.

Llegó el pingüino hasta el Cuartel General del EZLN y rápidamente se adaptó a la rutina de alerta roja insurgente. A menudo se unía (siempre sin perder la descompostura de pingüino), a los insurgentes e insurgentas en la hora de la célula, o sea del estudio político. El tema de estos días es sobre las 13 demandas zapatistas y los compañeros lo resumen bajo el título de “Por qué luchamos”. Bueno, pues no me lo van a creer, pero cuando me he acercado a la reunión de la célula, pretextando la búsqueda de café caliente, he visto que el “pingüino” es el que pone más atención. Y no sólo, de tanto en tanto, picotea a alguno que se queda dormido en mitad de la plática política, como reconviniéndolo para que preste atención.

No hay otro animal en el cuartel… digo, además de las culebras, las tarántulas “chibó”, dos ratones de campo, los grillos, las hormigas, un número indeterminado (pero muy grande) de zancudos, y una cojolita que llega a cantar, probablemente porque se siente convocada por la música de cumbias, rancheras, corridos, de amores y de despecho que sale del pequeño radio que se usa para oír el noticiero matutino de Pascal Beltrán en Antena Radio, y luego la “Plaza Pública” de Miguel Ángel Granados Chapa en Radio UNAM.

Bueno, les decía que no hay otro animal, así que parece normal que “pingüino” piense que nosotros somos sus congéneres y tienda a comportarse como uno más de nosotros. No habíamos advertido hasta qué grado había llegado, hasta que una tarde se negó a comer en el rincón que tiene destinado y se acercó a la mesa hecha de palos. Pingüino hizo un escándalo, más de pollo que de pingüino, hasta que comprendimos que quería comer con nosotros. Deben saber que la nueva identidad de Pingüino le impide al ex pollo el volar el mínimo necesario para subir a la banca, así que es la insurgenta Erika quien lo sube y le da de comer de su plato.

El capitán insurgente al mando me ha dicho que al pollo, quiero decir a Pingüino, no le gusta quedarse solo en la noche, tal vez porque teme que los tlacuaches lo puedan confundir con un pollo, y protesta hasta que alguien lo lleva a su techo. No tardará mucho tiempo en que la Erika y la Toñita le hagan con tela una pechera blanca (querían pintarlo con cal o con pintura de casa, pero logré disuadirlas… creo), para que no haya dudas de que es un pingüino y nadie lo confunda con un pollo.

Ustedes pueden pensar que estoy, o estamos, delirando, pero lo que les cuento es cierto. Mientras tanto. Pingüino se ha convertido en parte de la Comandancia General del ezetaelene y, tal vez, podrán verlo con sus propios ojos quienes vengan a las reuniones preparatorias para la “Otra Campaña”. También es de suponer que Pingüino sea la mascota del equipo de fútbol del EZLN cuando se enfrente, próximamente, al internazionale de Milano. Tal vez entonces alguien saque una foto para el recuerdo. Tal vez, pasado algo de tiempo y mirando la imagen, una niña o un niño preguntaran: “Mamá, ¿y quienes son los que están al lado de Pingüino?” (Suspiro).

¿Saben qué? Se me ocurre ahora que nosotros somos como Pingüino, esforzándonos por erguirnos y hacernos un lugar en México, en América Latina, en el Mundo. Como de por sí no está en nuestra anatomía el viaje que emprenderemos, seguramente andaremos tambaleándonos, vacilantes y torpes, provocando risas y bromas. Aunque tal vez, también como Pingüino, provoquemos alguna simpatía y alguien, generoso, nos arrope y nos ayude, caminando con nosotros, a hacer lo que todo hombre, mujer o pingüino deben hacer, es decir, tratar siempre de ser mejores de la única forma posible, o sea luchando.

Vale. Salud y un abrazo de Pingüino (¿?).

Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos
México, Julio del 2005.