jueves, 24 de septiembre de 2009

¿Que por qué estoy Siempre de Malas?


08 de agosto del 2007.



En el reino de los fines, todo tiene un precio o una dignidad. Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y, por tanto, no admite nada equivalente, tiene dignidad.
Kant.

No lo sé, pero tal vez sea por...

Este encierro, reducido de conocer y experimentar las tantas cosas que están allá afuera, ya sean cosas malas o ya sean cosas buenas, el problema aquí, es experimentar.
No, no es por eso…

Ni tampoco creo que sea por estar en una familia donde yo soy el extraño que vive a costa de todos y se niega –según ellos- a madurar, “tratar de ser más ellos y menos yo”, dicen; como si madurar fuera solamente buscar un lugar en un barco donde haces lo imposible por tratar de ser idéntico a todos, o sea, el mismo vestir, el mismo actuar, el mismo pensar, las mismas metas, las mismas ambiciones, en resumen, madurar, según dicen, es tratar de buscar formas de chingar a los demás, esto es madurar, para mi, necesariamente, es morir lentamente.
No, no creo que sea por esto mi actitud…

Ni tampoco creo que se deba a la rutina diaria, donde en el viaje hacia tu destino, ves rostros condenados a la esclavitud voluntaria, sucios gestos, como si te escupieran con frialdad y sin vacilar a la cara, con sus falsos ademanes que buscan ser parte de una categoría a la cual ni ellos pueden acceder. No lo creo, no es por esto……

O tal vez se deba a la homogeneidad de la ciudad, tanta y tanta gente, tanto y tanto concreto, tanto y tanto asfalto, mezclado con tierra y polvo y donde respiras humo directamente de los tantos y tantos malditos autos, donde el cielo es una gran capa gris de basura humana que se esparce como una plaga que a veces siento que es inacabable, todo esto parece una sucia y desgastada foto repetida millones de veces mientras miras por la ventanilla desgastada del autobús.
No, tampoco creo que se deba a esto mi molestia…

Entonces pienso que se debe a todas aquellas sonrisas fingidas que me encuentro cotidianamente, donde lo único que me muestran es un llanto interno trémulo y estremecedor, donde su sonrisa es un grito de auxilio y a la vez de lástima para que alguien se apiade y los asesine.
¡Espera! No temas, pues esto tampoco es…

Espérate tantito, creo que es porque los encargados de darnos conocimiento, no lo hacen, y algo peor, ¡nos pegan lo imbécil! Y mientras, todos gritan y los adulan, sin darse cuenta que ellos representan el principio de nuestro fin.
Pero pensándolo bien, no, tampoco es esto…

¡Ya sé!, es porque entre más encuentro conocimiento, más me siento ignorante.
No, mucho menos es esto, hoy soy tan ignorante…

Tal vez sea por los engaños a los que caemos constantemente por la tonta esperanza de que nos darán “un mejor porvenir”, mentiras, engaños, infamias, descréditos, odio, avaricia, poder; la mierda atrae a la mierda, a esta mierda, tan cotidiana, tan digerida, en fin, tan nuestra.
No, menos se debe a esto, pese a que estoy de acuerdo con ello…

Tal vez se deba a que he decidido que mi futuro es incierto, caminando por aquí y por allá, buscando mi sitio en un lugar donde quizás no esté, o quizás nunca estuvo y entonces me encontraré perdido en un mundo donde realmente nunca me encontré, ¡que irónico!.
No, tampoco es esto, pues no lo entendí bien, y ya me canse……

Sabes querida, pensándolo bien creo que no tengo razones para estar siempre de malas, pues bien, entonces sonreiré y viviré tan igual a todos que tal vez algún día me confundas con algún imbécil superficial o simplemente me olvides, jamás te culparé…

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