jueves, 5 de febrero de 2009

Algo sobre el final del proceso.

BITÁCORA.
30 de abril del 2007.

El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza solo es inherente al historiador que está penetrado de lo siguiente: tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado en vencer.
Walter Benjamín. "Tesis de filosofía de la historia". 1973
I

-Debes pensar bien lo que quieres estudiar, podrías ganar mucho dinero si te pones las pilas en esto- le dicen al joven mientras este cierra los ojos y se imagina no estar ahí, en estar lejos y lejos de las voces que no saben, de las voces que repiten por repetir sin reflexionar.
Si, está bien –les dice indiferente- y sale de la habitación frustrado por no haber podido decirles lo que realmente quiere estudiar por temor a la crítica familiar.

El joven sale de su casa justo a la una y media, como siempre, y se encamina al trabajo mientras piensa qué le depararía el futuro de escoger esa carrera que tanto le agradó cuando se enteró de ella.

Después:

¿Usted sabe joven?, que la vida siempre te trata mal cuando ves por alguien que no sea de tu familia –le dice un viejo al limpiar juntos un molino de la fábrica- Para uno -continua el hombre- todo puede irse al diablo menos tu mujer y tus hijos ¿no es cierto?
Si jefe, es cierto- responde el joven mientras se voltea dándole la espalda y pensando que el viejo debería ser el único en irse al diablo.

Hoy es el último día –le dice su amigo Enrique por teléfono- ¿entonces sí vas a escoger Historia como me dijiste?
Claro
-le contesta nuestro joven- lo decidí hace más de un mes, pero todavía no lo digo en casa y justo ahora iba a ir a meter la solicitud.
Pues entonces suerte –le dice el amigo- y que te sirva bien hermano.

Meses después el joven checa las listas y se ve incluido entre los aceptados. La noticia fue recibida en la familia con indiferencia. El joven piensa que tal vez ellos hubieran preferido que no quedara, para que así reflexionara sobre una “correcta” carrera. No le gusta esto que piensa, pero no lo puede sacar de su mente, quiere pensar que su familia no es así. Decide borrarlo.

Al final de su carrera, el joven sabe que su familia igualmente la tomará con indeferencia. No obstante la situación intelectual y reflexiva hacia sí mismo y hacia lo demás se ha acrecentado en estos cuatro años más que en toda su vida. Está contento nuestro joven y tiene pensadas hacer muchas cosas con esta herramienta (y claro, arma) que tal vez la vida no le va a alcanzar.

Años atrás.

Se sienta en un puente, al salir del trabajo, y empieza a pensar sobre lo quiere hacer, busca respuestas que no están, según él, en la gente común con los que se relaciona. Necesito, se dice, relacionarme con gente inteligente y aprender de ellos. Caminar sobre sus pisadas y hacer las mías más grandes, más profundas y más humanas. La noche siembra en el cuerpo del joven un frío inusitado de incertidumbre.

II.

Debes caminar a mi lado por siempre –le dice ella mientras están sentados en su sala,- tú provocaste que me fijara en ti y ahora te alejas poco a poco como un alma que huye del cuerpo. Tic, tac, tic, tac, el reloj marcan las once y él sabe que tendrá que irse a su casa caminando.

Recuerdos. La primera vez que entró a su casa, ella le dio un vaso muy, pero muy dulce de agua de jamaica que acababa de hacer. Él no le dijo nada, los ojos de ella lo volvían loco. Le dieron ganas de orinar, miró detenidamente su baño con olor a pino y un enorme espejo donde seguramente ella se miraba todos los días antes de salir a la escuela. Donde comprobaba la razón de que por años y años los hombres la persiguieran, la perfección hecha mujer. La perfección todas las mañanas se miraba y se despedia con un beso antes de cerrar la puerta.

-Gracias,- le dijo él, mientras le miraba sus brazos blancos y recorría su cuerpo poco a poco hasta lograr ver su sonrisa de oreja a oreja que lo hacía morir, que lo derretía en un mar de deseo profundo. Qué hacía ella –el joven pensaba- tan bella con un chico como yo, que no se molesta por cambiar de ropa de un día a otro…

El día.
Él decide acabar lo que él mismo inició meses atrás al verla pasar frente a él leyendo un libro de Rius sobre Marx.
-¿Te gusta Ruis?-
-Sí, mucho, tengo un chingo de libros de él- ella le contesta.
-¿hacia dónde vas?-
-al metro-
-Te acompaño, bueno, yo también voy para allá- dice él temblorosamente.

-La historia siempre te ha gustado,- le dice ella meses después, ya juntos como pareja.
¿Recuerdas cuando corregiste al maestro por haber dicho que la Revolución Francesa fue en 1689? Te miró con ojos de asesino y tuvo que corregirse.
, le contesta nuestro joven, pero yo me incomode más porque todos me miraban, sentí la sangre subir a la cabeza tan rápido que decidí agacharme a escribir cualquier tontería. Sabes, también sentí tu mirada con esa sonrisa que estás haciendo ahora, tenía tanta pena de hablarte, eras imposible, eras…
-Adiós flaco- ella le dice mientras le manda un beso y entra a su casa, desde afuera él puede ver como se deja caer sin más ni más sobre su negro sillón.
-Adiós mujer- le dice él sabiendo que ya no será nada igual, pues ella se queda y él se va de la escuela para no regresar.

III.

Ella me fascinó- se confiesa cuatro años después, ya en la universidad. En medio del bullicio del bar escolar decide echar mano de su libreta y su pluma y escribe rápidamente:


Todas las noches regresa tu recuerdo
como un fantasma que se burla y mofa despiadado
de todo lo que yo nunca te dije.

Tu aroma, que ahora ya es mío, me susurra,
me estremece y se impregna en mi habitación
que tú jamás ocupaste, que tú jamás imaginaste.

Esa habitación por la que tanto te hice pasear
de rincón a rincón, explicándote todo mil veces.
Mil veces tus ojos verdes sobre mis ojos,
mil veces tu rostro liso y pálido sobre el mío.

La habitación, que te deseó acoger
con su linda y sobria calidez,
me rechaza cuando la burla regresa
y me consuela cuando la realidad me golpea
y vuelve a amanecer también hoy.

Hoy, por fin, entiendo bien tus respuestas a mis preguntas,
hoy caminamos juntos años después sin que te des cuenta,
pero yo continúo siguiendo tu olor a mujer
y lo llevo a la habitación
mientras converso contigo de cosas que nunca sabrás…


IV.


-¿Que haces? le dice su amigo Dante.
Nada, sólo escribo algo que recordé de alguien. -le contesta nuestro joven estando sentados en el bar.
-Toma un sorbo más y te sentirás mejor- le dice Dante mientras el joven guarda su cuaderno rápidamente para que no lo incomode al pedirle que se lo lea.
-¿Dónde quedaron las caras conocidas que vimos aquí durante años?-
-Donde estarán las nuestras en pocos meses, lejos de aquí- contesta Dante a la vez que recibe la botella, toma un suspiro y bebe sin parar.
El joven lo mira pensando en lo que realmente pudo haber aprendido su amigo en cuatro años aquí.
-Todo lo sabias,- le dice el joven en voz alta, tú todo lo sabias Dante, esto fue pan comido para ti.

Dante lo mira sonriente, lo toma del hombro y le contesta: no sabía que había chavos tan inteligentes como ustedes. El joven calla.

El humo del cigarrillo ha puesto amarillos sus dedos. La cerveza produce estragos en el nervio motor y los obliga a caminar vacilantes, cada quién, hacia el baño. Ida y vuelta, vuelta e ida. No se cansan.

-Los cuatro años más productivos en mi vida- responde el joven a la pregunta de ¿qué te ha dejado este paso por la facultad? Más. -Una satisfacción enorme porque constantemente me probaba a mí mismo con superar al yo de ayer, a regañarlo por no prepararme lo suficiente-
-Ja, ja, ja-
ríe Dante y le frota la cabeza jugueteando. Le tira la gorra.

Dos, tres y cuatro horas después el joven escucha las risas de los demás como un fondo telonero a una obra patética, ebria y torpe donde ellos caminan por el escenario tambaleantes como primerizos pero a la vez veteranos como para querer dejarlo atrás.

El líquido le raspa la garganta que desea sacar todo, que desea claudicar por la paz y por el bienestar de una vida común. Él toma la botella, la aprieta con fuerza y da el último sorbo. Es tarde, hay que descansar y escribir un poco…
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