miércoles, 25 de febrero de 2009

Hoy Seguí Tu Rastro.

17 de enero del 2008.

¿Qué es poesía?, me dices mientra clavas en mi pupila tu pupila azul. ¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas? Poesía … eres tú.
What is poetry?, you say As you fix my eyes with yours of blue. What is poetry!… You ask me that? Poetry… It is you!
Gustavo Adolfo Bécquer


Hoy seguí tu rastro con mis pensamientos. Tomado del pasamanos del tren, viajé más allá de donde él no podría llevarme jamás. Suspiro tras suspiro recordé los lugares donde paseamos juntos y vi a nuestras sombras aclarándose poco a poco.


El paisaje se presenta y todo me recuerda a ti, el árbol, la banca, las caras parecidas a la tuya. Seguí tus pasos pasados y me pregunto: qué será de ti hoy. Por qué camino andarás y si fuiste consecuente contigo. La mente me llevó raudo a ese viejo pedazo de banqueta frente a la escuela, donde te dije al oído que la luz del sol aclaraba más tus ojos y tú, inmediatamente, dejaste caer parte de tu pelo sobre tu cara por la pena que sentiste de un halago indudable.


Ahí, bajo la luz de ése árbol me jacte de estar contigo, me jacte de poseerte, de tenerte entre mis brazos cuando me pegara la gana. Hoy, años después, solo me queda sonreírle a tu ausencia y jactarme del pasado.


La mente también me llevó a caminar hacia la parada donde siempre esperábamos tu transporte. Tu beso de despedida era veloz, de súbito, por tu apuración de lograr subir sin que se fuera. Veloz, pero no por eso rico, entusiasta y cariñoso. Sabes, la peluquería sigue ahí, sí, esa donde amenazabas meterme si no me cortaba, ya, el pelo. Nunca lo lograste, me pondré orgulloso de eso, pero me dejaste una marca que es peor que un sucio corte militar.


Sabes, a veces quisiera olvidar todo mi pasado, desde las parejas hasta los malos recuerdos familiares, porque todo con el tiempo se vuelve una gran carga que ya no estoy dispuesto a soportar, pero no puedo dejarlos, están como pegados a mi, y creo que por ellos soy yo hoy así, si no me hubieran pasado creo que sería como cualquier hijo de vecino, así que los prefiero sobre todas las cosas.


El aire que toca mi cara, al avanzar el camino, me recuerda a cómo éste movía tu pelo a capricho y que te enojaba tanto que decidías recogerlo, eso me encantaba pues podía ver todo tu blanco cuello y desear como nada besarlo hasta hacerlo desaparecer como polvo.


Hoy, mi mirada siempre parece perdida, como tonta, como cansada. Estoy en una especie de letargo cuando pienso en el pasado, parece que duermo con los ojos abiertos y, absorto, estallan dentro de mi cabeza recuerdos y reflexiones hasta el hartazgo. Nadie sabe lo que tengo, a nadie se lo comento más que a ti, que en realidad no lo sabes, pues eres parte de ellos y el motivo por el que busco otra mejor a ti.


Las palabras que escribo las siento huecas, sin sentido, o sea, sin corazón hablante. Los bolígrafos se tapan, las hojas se acaban y las noches se me acortan tanto, que parece que algo quiere que deje todo esto por la paz. ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo ahora decir?


Hoy floto por la ciudad como un fantasma que busca una segunda muerte, una definitiva. Un fantasma al que le extrajeron, gota a gota, el alma al ponerlo de cabeza. Este fantasma fastidiado sigue paseando y buscando rastros que lo lleven a algo que conoció no hace muchos años y que lo mantiene obsesionado:


Hoy seguí tu rastro por la mañana, con olor a tierra mojada y noche de algarabía embriagante. Cada paso que di fue una pista para buscar nuestro origen, un origen en un salón vacío y decenas de bancas como espectadoras de un show lujurioso, que culminó con una bocanada de cigarrillo estando acostados en el escritorio, sin ninguna necesidad de decirnos algo. El placer calla bocas.
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