viernes, 27 de febrero de 2009

Epístola Fabril.



06 de abril del 2003.
Año del inicio.





Cuando uno sabe para lo que sirve todo lo que da la tierra, y sabe lo que han hecho los hombres en el mundo, siente uno deseos de hacer más que ellos todavía: y esa es la vida. Porque los que están con los brazos cruzados, sin pensar y sin trabajar, viviendo de lo que otros trabajan, esos comen y beben como los demás hombres, pero en la verdad de la verdad, esos no están vivos.
José Martí.



Querida Viridiana:

Comenzaré diciendote felizmente que hoy es un día muy especial para mi, ya que me acabo de enterar que fui aceptado en cierta gran escuela y esto tiene que cambiar radicalmente mis planes a futuro, pues antes de saberlo planeaba seguir con mi historial obrero hasta septiembre del presente, en cambio, ahora, planeo irme de viaje dentro de mes y medio a la casa de mis abuelos en Puebla, sí, un lugar de esos donde todo es mágicamente color verde y no gris del cielo y negro del sucio asfalto en esta ciudad donde por los próximos cuatro meses ya nada me ata ni mucho menos el amor que me volvió a dar otro golpe, de esos mortales, de los que cuando te das cuenta ya estas tirado en la lona con el conteo del referí a punto de llegar a diez y su grito de ¡fuera!. Tal vez pienses, como siempre, que las mujeres vienen y van por mi vida, tal vez sea cierto, pero esta vez dolió.

Éstas casi cuatro semanas que llevo trabajando, te confío mi estimada, han sido duras físicamente, pero me atrevo a decirte que esto se ve superado por el dolor y el sometimiento psicológico porque, sabes, para ser obrero tienes que renunciar a muchas cosas y, sobretodo, si tienes unos ideales como los míos, esto sale mucho peor y se incrementa exponencialmente. Por cierto, tu dignidad se va por las coladeras a la vez que lavas tu sucio rostro en el lavabo del baño con agua maloliente atascada de cloro que arde al instante del contacto. Es gracioso porque cuando me quejé, me dijo el encargado que debo ser agradecido ya que antes ni agua había. ¡¿Agradecidos con ellos?! ¡Qué hijo de perra!

Sabes mi estimada, la rutina en esta fábrica es lo peor de todo, esta me corroe el cerebro como un maldito virus, que va dejando rastros de sangre y carne hedionda. Además, absolutamente todo es predecible: tal persona esta sentada ahí de tal hora a tal hora, este pendejo pasa a vigilarme a esta hora como a tal hora, el mismo pendejo vuelve a pasar para ver si ya volví a empezar a trabajar después de comer y a presionarme que me apresure, en fin, te digo que esta vida ya no es vida encerrado, aunque sea por ocho horas, en esta fabrica donde se hacen tapas de plastico, y como pilón, se matan almas. En estas condiciones uno se da cuenta que tan frágil es y que muchas cosas comparadas con el ser obrero son simples juegos de niños.

A veces, no sé ni cuándo se hace de noche, sólo me da un indicio un pequeño hilo de luz que se filtra por el ventilador que da hacia afuera de la fábrica. Sé que a los patrones no les importa lo que experimentemos ni mucho menos sus desagradables consecuencias. Por ejemplo, el dueño de la fábrica es un maldito junior que cuando ve que algo sale mal, arremete a gritos e insultos (es la verdad, no te lo invento) contra, según él, los únicos responsables, cuando muchos de estos errores son producto de fallas colectivas. Este tipejo no vacila en la edad, ni en el sexo de las personas, sin ningún escrúpulo insulta tanto a hombres de edad avanzada como a chavitas de diecinueve o veinte años. Lo que más me da rabia es que lo hace a sabiendas de que ellos no le pueden contestar. Este engendro del capitalismo cree que hasta el respeto les puede comprar con una miseria de sueldo. Destroza ilusiones y los sueños de progreso de esta pobre gente, mientras por otro lado les acaricia la cabeza a los que dan su vida por producir excedentes que se traducirán en más ganancias para él, diciéndoles que “son la base de este lindo y cuasi perfecto (si no fuera por ustedes, pinches jodidos) sistema” que los acaba y destruye poco a poco sin que se den cuenta.

¿Qué clase de crimen infame habrán osado en cometer todos los obreros del mundo para haber sido condenados a esta más que triste, lúgubre vida? Que más que tener vida, se me figuran miles de Prometeos encadenados. Sabes mi estimada, he pensado mucho y he querido hablar con ellos, pero no me siento muy listo ahora… En fin, no quiero llenar esta carta linda con historias tristes pero verdaderas que queramos o no, son diarias y desgraciadamente no parece nunca acabar. Creo que ya te puse rabiosa a ti también amiga, ¿sabes por qué lo sé? Porque noto tus gestos y comentarios al referirte a ese tipo de personas desagradables para la gente como nosotros que seguimos un camino muy diferente a todos. Creo que es mejor ya despedirme, seguro tendrás muchas cosas que hacer.

Por último, espero que estés muy bien tanto física como psicológicamente y amenazo con visitarte por allá, en nuestra querida alma mater algún día inusitado que no creas que vaya a llegar y ¡zaz! Verás mi feo rostro a lo lejos.

Te mando un beso y un fuerte abrazo, como los sabes dar muy bien.

PD. Ya verás que más temprano que tarde voy a terminar cantando y chiflando esta canción al alejarme poco a poco, como una briza, y para siempre de esta puta fábrica:



¡¡¡A la huelga compañero, no vayas a trabajar,
deja quieta la herramienta, es hora de luchar.

A la huelga diez, a la huelga cien,
a la huelga madre, yo voy también.

A la huelga cien, a la huelga mil,
yo por ellos madre y ellos por mi.!!!

Publicar un comentario